Recordando la Ley Miró

EL MAYOR ERROR
DEL CINE ESPAÑOL

Sábado pasado estuve en la ciudad de Barcelona para grabar el documental de Luis Esquinas. En el mismo hablé de varios temas, entre ellos el de la política de Pilar Miró que, junto con las conversaciones de Salamanca, han sido los errores más grandes del cine español que le han llevado al colapso y al suicidio industrial.
Tal vez Pilar Miró actuara de buena fe, pero aún así su política no deja de ser nefasta.
Nos guste o no el cine es un negocio,una industria en la que se han cometido muchas tropelías pero también grandes aciertos. Hollywood, durante el siglo XX, ha dominado el mercado de forma abrumadora. España resistió como pudo el monopolio hasta que a finales de 1982 los socialistas llegaron al poder y lo llevaron a la ruina.
Lo hicieron asociados a los nacionalismos periféricos, como el horrendo pujolismo y la creación de los tristemente célebres Serveis de Cinematografia de la Generalitat.
No voy a defender el franquismo, régimen político que se merece mucha estopa, pero el Régimen del 78 no ha sido más que una prolongación del mismo.
Pilar Miró inauguró un sistema nefasto de protección al cine subvencionando sobre proyectos. Es decir presentabas un proyecto y te pagaban el 50% de su presupuesto. La Generalitat un 25% si lo doblabas al catalán y las televisiones un 30% con lo cual la película te salía gratis.
Subvenciones las dan en todas partes y no vamos a ser menos, lo malo (y aquí el error) es que fue contra la taquilla. Las producciones rentables fueron castigadas sin subvención y se financió un cine invisible que nadie quería ver llevando a la industria a la ruina. No se protegía al cine, sólo a los amiguetes de turno a los que se regalaba dinero público. Algo que en otros países se castigaría con la cárcel e incluso con la horca.
El Estado puede regalar dinero a los vividores de turno, a los chupópteros de siempre, a los parásitos de toda la vida pero hay algo que jamás los podrá dar. El talento.
Sin talento no se puede hacer nada. Pilar Miró lo descubrió demasiado tarde porque el daño ya estaba hecho.

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