El gran Señor de las Tinieblas

“DRÁCULA”, 120 AÑOS DE LA NOVELA

Utilizando la menor aspereza, bajaba rápidamente, deslizándose por la pared igual que un lagarto. ¿Que clase de criatura se esconde bajo la apariencia de este hombre? Tengo miedo, mucho miedo. No puedo huir”.
(“Drácula”, de Bram Stoker)

ESCRITO DE 2017
En el mes de mayo de 2017 se cumplieron los 120 años de la publicación por parte de la editorial británica Constable & Co. de la clásica y gran novela de horror del irlandés Bram Stoker. Nadie, ni el propio escritor, no podía imaginar el grandioso éxito del libro. Hoy “Dracula” (“Drácula”) es considerada merecidamente como una obra maestra de la narrativa fantástica y de terror y Stoker un autor reputado pese a que alguna vez reciba insultos (pretenden ser homenajes) como los de Anna Rice, autora de infumables mamotretos, p.e. “Entrevista con el vampiro” (tiene otro dedicado al personaje de “La momia”, sencillamente espantoso) y también escritora del guión de la película de igual título (Neil Jordan), igualmente impresentable.
Pero más que nada el éxito de la novela (cualidades aparte) se debe a las diversas versiones cinematográficas – más que las teatrales — las cuales han popularizado el personaje de Stoker, la figura de ficción más adaptada junto con el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle. “Drácula” es un libro difícil de pasar del papel al celuloide. Es más provechoso crear un guión original sin restar interés a partir de los puntos de partida de Stoker — viajero (al abogado Jonathan Harker) que va al castillo de un aristócrata en la lejana y misteriosa región de Transilvania (región del norte y centro occidental de la actual Rumanía) para vender unas casas en Londres a un aristócrata (el conde Drácula, en realidad un vampiro), introducción de este en la sociedad victoriana (finales del siglo XIX) — que no pretender ser fiel a ultranza al texto stokeriano. Quienes lo han hecho queriendo ser “fieles”, o bien es mejor olvidar la película, como “El conde Drácula”, de Jesús Franco, coproducción española, cinta sosa y lenta en donde incluso Christopher Lee está apagado, o bien “Drácula de Bram Stoker” (1992), un bluf de Francis Ford Coppola el cual utiliza el nombre del escritor como cebo y para dejar sentado que se trata de la versión “definitiva”, cosa absolutamente falsa. Lo de la versión “más fiel” fue utilizado por indocumentados e ignorantes totales de la literatura o el cine, ajenos totalmente al género, algunos de ellos ni tan siquiera habían leído el libro, en su estreno y también porqué Coppola es el cineasta “progre” que ha de defenderse por encima de todo (me parece muy bien y no le quito los méritos pero en otros títulos…); por el contrario es una de las versiones más infieles al texto de Stoker. No hay vergüenza en utilizar el nombre del escritor pero, claro, a Coppola todo se le permite.
Bram Stoker para su personaje del vampiro se inspiró en las leyendas propias del folklore centroeuropeo, en relatos anteriores a su generación (“El Vampiro”, de John William Polidori, “Laura y Carmilla” de Sheridan Le Fanu) y en la figura real de Vlad III, príncipe Vlad “Tepes” (= “Empalador”, en rumano) Draculea, de Valaquia (región actualmente situada en el sur de Rumanía), combatiente contra el expansionismo turco (nació en 1431), hombre cruel y sanguinario (fue preso de los turcos en su infancia) considerado héroe nacional hoy en día y su castillo objeto de visitas turísticas, gracias principalmente a la historia de Stoker y posteriores adaptaciones cinematográficas.
“Nosferatu, eine Symphonie des Grauens” (“Nosferatu”, 1922) es la primera versión (alemana, muda, por su puesto) para el celuloide a cargo de F. W. Murnau la cual guarda el mismo esquema de la novela y posteriores adaptaciones del libro: Viaje a Transilvania al castillo del conde Drácula por parte del abogado Jonathan Harker para vender unas casas en Londres (en realidad para prosperar en la búsqueda de sangre por parte del monstruo —–> introducción de “lo fantástico” (el vampiro) en lo real (Drácula se introduce en Londres) ——> Retorno al castillo: descubierto y perseguido por el Dr. Van Helsing y sus amigos Quincey Morris, Dr. John Seward, el mismo Harker y Arthur Holmwood. Allí finalmente es destruido. La única diferencia esquemática entre la novela y “Nosferatu” reside en que el vampiro no retorna a su país natal puesto que será destruido por el sol en Wisborg. Murnau ocultó la procedencia de su película cambiando los nombres de sus protagonistas (Vlad Drácula por Orlok Nosferatu, Jonathan Harker por Hutterson, Mina por Ellen) pero Florence, viuda de Stoker le llevó a los tribunales y se tuvieron que destruir todos los negativos y copias existentes. Afortunadamente se salvaron algunos. Dentro del Expresionismo Alemán, Murnau logró una auténtica pesadilla aunque deformara (genialmente) la figura del vampiro, una auténtica obra maestra (las sombras envolventes, el horror que envuelve al espantoso vampiro, etc.). El remake de 1979 a cargo de Werner Herzog, “Nosferatu, Phantom der Natch” (“Nosferatu, vampiro de la noche”) es pretencioso y, a veces, grotesco (interpretado por Klaus Kinski, el mejor actuante en la cansina y torpe “El conde Drácula” de Jesús Franco como el alienado Renfield) pero en conjunto tiene algunos detalles que superan, para mi, al vacío y farragoso “Drácula”, de Francis Ford Coppola el cual ni es la gran película pretendida ni, por supuesto, el mejor Drácula de la historia del cine sino un aséptico videoclip defendido por algunos ajenos al fantastique y otros abogados del falso romanticismo servido por un escrito facilón y acomodaticio (James V. Hart) y por un realizador (Coppola) el cual ignora que es el cine fantástico.
La versión de Tod Browning a cargo de Universal (1931), “Dracula” (“Drácula”) con el gran Bela Lugosi es una de las clásicas por antonomasia. Contiene excelentes momentos, especialmente al principio y algunos al final aunque descienda el nivel en la parte intermedia — Drácula en Londres — a causa de las condiciones que sufrió Browning (según el espléndido estudio de David. J. Skal y Elias Savada), aparte de la influencia teatral de Hamilton Deane y John Lloyd Balderston, sostenedores del guión de Garret Fort y no directamente del libro de Stoker. Puntos destacables la fotografía en blanco/negro de Karl Freund (pasado a la realización dirigirá al año siguiente “La momia”), la emblemática y (teatral, nunca en sentido despectivo) interpretación de Bela Lugosi (colosal actor teatral) el cual consigue el vampiro más elegante de la historia (además de sus gestos, miradas, insinuaciones que remiten inexcusablemente a su origen aristocrático) hacen de la película un ensamblaje de misteriosa seducción. La versión de habla hispana — aún no se había inventado el doblaje — rodada por George Melford e interpretada por Carlos Villarías (muy acertadamente aunque no fuera Lugosi) es más larga y explícita que su homónima americana. La descubrí en un pase en el Festival de Sitges (1991) y, a pesar de sus limitaciones, fue una agradable sorpresa (aunque Melford tampoco sea Browning).
Pasando por trabajos de Lambert Hillyer (“La hija de Drácula”, 1936) y Robert Siodmak, excelente tejedor de cine negro, más que fantástico (“El hijo de Drácula”, 1943), guiones ajenos al libro es justo recordar los dos films de Erle C. Kenton, “House of Frankenstein” (“La zíngara y los monstruos”) y “House of Dracula” (“La mansión de Drácula”), en 1944 y 1945, respectivamente, en donde John Carradine da una interpretación interesante (nos recuerda a “Mandrake el mago”) aunque se trate de mezcla de personajes terroríficos y estemos en época de decadencia: el hombre-lobo, Drácula, el monstruo de Frankenstein, algún doctor loco y un jorobado (substituido por una bondadosa jorobada en la segunda), los dos últimos escapados de la cárcel.
Llegamos a 1958 en el recién comenzado reinado de terror a cargo de la británica Hammer Films cuando Terence Fisher da la que para muchos (entre los que está un servidor) es la mejor adaptación de la novela de Stoker, “Horror of Dracula” (“Drácula”) dándose a conocer en popularidad a partir del género dos actores: Peter Cushing como el mejor Dr. Van Helsing cinematográfico (también será el mejor Dr. Frankenstein) y Christopher Lee, el más grande conde Drácula junto con Bela Lugosi. Ya hemos comentado algunas veces el éxito artístico de Fisher, la dedicación absoluta a su trabajo que se tomaba en serio y sin dejarse influenciar por las antiguas versiones de Universal que no había visto (lo hizo después). Innovación absoluta en el género: el espléndido color, el erotismo (aumentado por otros realizadores que vendrán a continuación), el retorno a las fuentes, las escasas veces que aparece el personaje del vampiro, con la puesta en escena casi tridimensional, sugiriendo terrores en recovecos y espacios oscuros, los personajes totalmente en función de la trama (magnífico guión de Jimmy Sangster), más importancia dada al perseguidor Van Helsing que al propio Drácula, el ritmo imponente que nunca decae (algo que falta en la versión de Browning) y la personal interpretación de Lee, animalesca y de acuerdo con su concepción del personaje. Interpreta a Drácula como motor/representante de algo maléfico (el propio diablo) mientras Lugosi prácticamente era el mismo demonio.
Dejamos de lado las dos restantes formidables aportaciones de Fisher al tema (no basados en el libro), “Las novias de Drácula” (1960) y “Drácula, príncipe de las tinieblas” (1965) y el resto de la serie de Hammer reemprendida por los Freddie Francis, Peters Sasdy, Roy Ward Baker y Alan Gibson, con alguna que otra aportación pero sin llegar a los resultados de Fisher.
Es necesario aclarar que el convertir al vampiro en un “romántico enamorado” es algo totalmente ajeno a Stoker y a la leyenda (es lo más infiel del vampiro de Coppola). Esto se había intentado ya como experimento. El primero fue William Crain en su infumable “Blácula” (“Drácula negro”, 1972) y luego Jacinto Molina/Paul Naschy en “El gran amor del conde Drácula”, de Javier Aguirre (1973), quizás el mejor film sobre el personaje en España para terminar con la versión televisiva de Dan Curtis con Jack Palance, “Drácula” (1974), con guión de Richard Matheson en donde la muchacha que desea sorber su sangre es el vivo retrato de su novia cuando era humano, unos 600 años atrás (incidiendo en bastantes versiones de “La momia”). Ni en esto es original la sobrealabada película de Coppola. En la excelente versión de John Badham (1978), “Drácula” con Frank Langella (Drácula) y Lawrence Olivier (Dr. Van Helsing) esquiva el ridículo mencionado de la cinta coppoliana: el vampiro se siente fuertemente atraído por su víctima pero nunca pierde su condición satánica (magistral ambientación aunque elude la primera parte del castillo, iniciándose con la llegada de Drácula a las costas británicas) sin convertirse en títere, ni en muñeco lloriqueante de la mujer que desea poseer/compartir su sangre/hacerla lo que es él.
Volviendo a la “fidelidad” esgrimida por quienes quieren defender un producto “políticamente correcto” puedo decir que hay una serie de TV (1977), de Philip Saville con Louis Jourdan y Frank Finley, “Count Dracula” (guión de Gerald Savory cuya adaptación novelada cayó en mis manos a finales de los 70), que es muy “fiel a la letra” y muy cercano “al espíritu”, cosas totalmente alejadas en la película de Coppola. Aparte de algunas reducciones forzosas lo único diferente de la novela es el retrato de Louis Jourdan con aspecto de joven — también son diferentes Lugosi y Lee — mientras en el texto de Stoker se presenta como un anciano de más de 70 años el cual oscurece sus canas y bigote blanco cuando tiene sangre abundante (en Londres).
Si Coppola copia planos de Federico Fellini, del cine japonés, además de alguna escena de algún film de Hammer (precisamente una de las menos destacables: “El poder de la sangre de Drácula”, de Peter Sasdy) y nos presenta una vestimenta que intenta impresionar (basado en el pintor Gustav Klimt), apartándose del traje negro (¿donde está la “fidelidad”?) propio de la novela en donde, al menos, en dos ocasiones lleva capa totalmente negra (el cine en color aportará el envés rojo a partir de “Drácula, príncipe de las tinieblas”) y finalmente cae en la grandilocuencia y en la grosería con una interpretación inadecuada y, a ratos, ridícula de Gary Oldman a la cual se suma la de Anthony Hopkins a la misma altura (su personaje de Van Helsing es como un histérico general Custer exterminando indios). Se da a la película una falsa áurea romántica (Stoker no escribió una novela romántica sino una historia gótica, (“Ghotic novel”), una sinfonía de horrores en donde hay varios elementos románticos. Un comentarista dijo que más cercano a Novalis o Schumann el film de Coppola está más cerca de Richard Cleyderman (o de Luis Cobos, diría yo), un romanticismo (gran movimiento artístico-cultural cuyo nombre se usa y abusa en demasía sin entender que era y que significó) como ambientado en la semana de rebajas del Corte Inglés.
Mejor no hablar de las últimas aportaciones las cuales demuestran la involución del cine fantástico y mucha parte del cine en general.
Un siglo y 20 años de la novela, unos hombres como Murnau, Browning, Fisher o Badham que han dignificado al personaje, otros que lo han denigrado (Jesús Franco, Dario Argento) y otros equivocados (Coppola) pero el personaje está vivo y vivirá…

Narcís Ribot y Trafí

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Cine e Historia 19: Malinche

UNA SERIE SOBRE DOÑA MARIANA

Vendida como esclava a los mexicas con tan solo 10 años, Malinche fue una joven de origen popoluca que llegó a manos de Tabscoob, el gran señor de Potonchán (ciudad maya-chontal capital del señorío de Tabasco), para ser entregada tiempo después al conquistador Hernán Cortés, junto con otras diecinueve esclavas, como tributo de la batalla perdida de Centla.
A cambio de su libertad, Malinche negocia con Cortés traducir del náhuatl al maya y, junto con Jerónimo de Aguilar, se convierte en intérprete y pieza fundamental en el avance español hacia la capital y la consiguiente caída del imperio mexica.

La serie histórica Malinche es una coproducción entre Bravo Films y Canal Once, dirigida por Patricia Arriaga (Juana Inés), quien explicó que presentarán una mirada distinta de la mujer que poco se sabe y que fue pieza fundamental en la historia de México. La Malinche fue una mujer nahuatl oriunda del actual estado mexicano de Veracruz que jugó un papel importante en la conquista española del imperio mexica. La Malinche sirvió de intérprete, consejera e intermediaria de Hernán Cortés. En 1519, fue una de las veinte mujeres esclavas dadas como tributo a los españoles por los indígenas de Tabasco, tras la batalla de Centla. Más adelante se convirtió en concubina de Cortés y dio a luz a su primer hijo, Martín, quien es considerado uno de los primeros mestizos surgidos de la conquista de México.
Narrada en lenguas originarias como el totonaco, popoluca, maya y náhuatl, Malinche es la nueva serie de Canal Once protagonizada por la actriz indígena guatemalteca María Mercedes Coroy. La trama fue filmada en Hidalgo, Veracruz, Estado de México y la Ciudad de México. También forman parte del elenco Luis Arrieta, Clemente Beltrán, Ángeles Cruz y José María de Tavira.
Así, Coroy se preparó para recrear a la Malinche: “Investigué un poco por internet la historia de este personaje, pero también Patricia Arriaga me fue narrando todo el tiempo quién fue y lo que realizaba, por lo que en el trascurso de la grabación fue creciendo el personaje, porque lo fui conociéndolo más”.
–¿Qué opina de este personaje histórico? Muchos la señalan como traicionera y otros como víctima.
Desde mi punto de vista la Malinche no es traicionera, porque había decenas de señoríos. No existía México, ni Guatemala, ni El Salvador, ni Honduras, como para saber quién traicionó a quién. Ella sólo vio la manera de sobrevivir en las circunstancias en que se hallaba, además luchó por salvarse y a los suyos de los mexicas, que era el imperio que pedía tributos como sacrificios.
Su vida fue muy dura por las circunstancias que pasó, y creo que estos cinco episodios no abordan todo, así que esperamos que haya la oportunidad para realizar la segunda parte”.
–Para usted, ¿fue complicado crear a la Malinche en ficción?
Para mí lo complicado fueron estos idiomas natales de México, que no los conocía y tuve que recibir cursos para comprenderlos, como el maya yucateco, el popoluca, aparte de hablar el español de esa época.
Recalca que “es un honor interpretar a la Malinche, porque no sólo es importante en México sino en toda Latinoamérica. Este personaje me retó y me incitó a vencer miedos que tenía”.
Columba Vertiz de la Fuente es la  periodista autora de la presente entrevista publicada en Proceso.com.mx

 

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Bohemian Rhapsody (2018)

LA VIDA DE FREDDY MERCURY

BOHEMIAN RHAPSODY. Título original: Bohemian Rhapsody. Año: 2018. País: Reino Unido. Dirección: Bryan Singer y Dexter Fletcher. Reparto: Rami Malek (Freddie Mercury), Lucy Boynton (Mary Austin), Gwilym Lee (Brian May), Ben Hardy (Roger Taylor), Joseph Mazzello (John Deacon), Aidan Gillen (John Reid, Allen Leech (Paul Prenter), Tom Hollander (Jim Beach), Mike Myers (Ray Foster), Aaron McCusker (Jim Hutton). Guion: Anthony McCarten (Historia: Anthony McCarten, Peter Morgan). Música: John Ottman. Fotografía: Newton Thomas Sigel. Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; GK Films / New Regency Pictures / Queen Films Ltd. / Tribeca Productions / Regency Enterprises. Distribuida por 20th Century Fox. Duración: 134 minutos.

No soy aficionado al rock ni a cierta música moderna por lo que mis conocimientos sobre Queen y su líder Freddy Mercury son prácticamente nulos. El presente film es pues mi primera aproximación a dicha temática.
Firmada por Bryan Singer y Dexter Fletcher, el primero fue despedido por sus repetidas ausencias en el rodaje,  y el segundo había intentado anteriormente levantar el proyecto sin éxito por  lo que le vino su oportunidad por pura carambola.
Singer había dirigido años atrás Superman Returns: El regreso (2006) con Brandon Routh que fracasó en taquilla aunque no carece de valores para ser tenido en cuenta. Dentro de la profesión es un personaje con mucha mala fama por  lo que no me  explico su contratación para este proyecto.
En fin, el rodaje fue caótico, Singer como mal profesional retrasaba el proyecto por lo que fue despedido y sustituido por Dexter Fletcher que por su cuenta ya había intentado levantar este exitoso proyecto.

A pesar de ser un profano en la materia la película, gran éxito de taquilla, me ha interesado mucho. Freddy Mercury es un icono de la música  moderna, considerado uno de los mejores cantantes del siglo XX, que se vio perjudicado por su desenfreno y el SIDA que le dio la muerte.
La biografía es muy convencional. Unos padres que no lo entienden, marginación por su procedenia pakistaní, incomprendión de los editores que no quieren arriesgarse con proyectos innovadores cuyos resultados son inciertos.
La participación de la banda Queen en el Live Aid (en español, Ayuda en vivo) es el colofóm de este film sorpresa que te da más de  lo que esperas.
A pesar de mostrar las fiestas salvajes, pero menos, de Mercury su imagen es muy blanqueada y aceptada por el gran público. Lo más acertado es la  actuación de Rami Malek a quien conocemos por su trabajo en la serie Noche en el museo como el faraon Ahkmenrah.
No  estamos ante una obra maestra pero sí ante un título que cae bien a todo el mundo. Consiguió que yo me  interesara por Queen y por Freddy Mercury. Desgracidamente no mencionan su Barcelona con la gran Montserrat Caballé,  una de sus mejores obras.

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The Great Buster. A Celebration (2018)

DOCUMENTAL SOBRE KEATON

THE GREAT BUSTER. A CELEBRATION. Año: 2018. País: Estados Unidos. Dirección: Peter Bogdanovich. Documental. Apariciones de Buster Keaton, Dick Van Dyke, Mel Brooks, Carl Reiner, Quentin Tarantino, Werner Herzog, Cybill Shepherd, Leonard Maltin. Guión: Peter Bogdanovich. Cohen Media Group [USA]. 102 minutos.

Documental sobre la filmografía de Buster Keaton con declaraciones de amigos personales y famosos profesionales.

 

 

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Las amazonas del siglo XXI (4)

COMANDANTE ARIAN,
UNA HISTORIA DE MUJERES,
GUERRA Y  LIBERTAD (2018)

COMANDANTE ARIAN, UNA HISTORIA DE MUJERES, GUERRA Y LIBERTAD. Año: 2018. Países: España, Alemania y Siria. Dirección y fotografía: Alba Sotorra. Guión: Jesper Osmund y Alba Sotorra. Música: Gerard Gil.  Productores: Alba Sotorra y Stefano Strocchi. Alba Sotorra Cinema Productions. Documental. 83 minutos.

Hombres, mujeres, juntos y en igualdad. Por todo eso hay que luchar

Alba Sotorra estrena  hoy su documental Comandante Arian grabado en el Kurdistán que se centra en la lucha de un batallón de mujeres que luchan contra el Estado Islámico, las Unidades de Defensa de las Mujeres (YPJ).
Sotorra expuso su  proyecto y se unió a las milicias femeninas llevando su mismo uniforme.
El rodaje fue duro. La cineasta reusense hizo muchas amigas en la tropa, muchas de ellas fueron heridas o muertas por las balas enemigas.
El documental nos cuenta el día a día de estas fuerzas femeninas y nos explica además  los pormenores de una guerra prácticamente desconocida en Europa.

 

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Dos libros sobre John Ford

NOVEDAD LITERARIA:
“JOHN FORD” DE PETER BOGDANOVICH (EDICIÓN REVISADA Y AMPLIADA)

“Me llamo John Ford y hago películas del Oeste”

Cuando John Ford (1894- 1973) estaba en los sindicatos del cine, tenía un cargo y, ya, cierto prestigio artístico pronunció esta frase al abrir la defensa de Joseph Leo Mankiewicz ante las acusaciones de Cecil B. DeMille y seguidores en tiempos del tristemente célebre senador Joseph McCarthy y su Comité de Actividades Antiamericanas (denominada también “la caza de brujas”). La cuestión es que Ford logró su objetivo y salvó la carrera del realizador polaco. Alabó el cine de DeMille pero le dijo que él y su forma de actuar no le gustaban nada.
UNO- La manera de ser de Ford, sus costumbres, su consagración como uno de los más grandes directores de cine de todos los tiempos (para algunos, entre los que está un servidor, el mejor) se descubrió en España con el libro “John Ford”, de Peter Bogdanovich, aparecido en Londres originalmente (1ª edición, 1967) para luego publicarse en USA. En España se presentó gracias a Editorial Fundamentos (1ª. edición en 1971, 2ª. edición en 1983 para luego publicarse en dos ocasiones más).
El director y productor de cine además de historiador y crítico Peter Bogdanovich, admirador de John Ford, consiguió entrevistarle durante el rodaje de “Cheyenne Autumn” (“El gran combate”, 1964) cara a la elaboración de un libro aunque en principio se publicó en la revista “Esquire”. Recogido este material, corregido y reelaborado apareció en la primera parte del futuro libro con el título, precisamente, de “Me llamo John Ford y hago películas del Oeste”. Tarea ardua y meritoria la de Bogdanovich dada la reticencia de Ford a conceder entrevistas y hablar de su cine (en muchas ocasiones no recuerda o al menos dice no recordar como hizo esto o aquello) siendo características la ambigüedad de sus respuestas junto con un tono irónico. Bogdanovich también entrevista a personajes de su equipo. Si analizamos la frase vemos que su verdadero nombre no era John Ford, solo un seudónimo (fue bautizado como Sean Aloysius O’Fienne, O´Feama u O’Feeney en 1894 aunque él a veces decía en 1895 y que su nombre de pila era John Martin), ni tampoco su filmografía está compuesta solamente por “películas del oeste” (recordemos “El hombre tranquilo”, “Que verde era mi valle”, “Las uvas de las ira”, “El delator”, “7 mujeres”, “La taberna del irlandés”, etc.).
En la segunda parte, titulada “Poeta y comediante”, el escritor y el realizador mezclan comentarios y opiniones. El tercer capítulo es el más largo e importante, “Un trabajo que hacer”, con unas 62 páginas — la ingente entrevista se realizó dos años después, en 1966 — en base: a) nacimiento, juventud, familia, estudios de Ford y 2) incursiones y circulación en la mayor parte de su filmografía. Aquí vemos su humildad al hablar de sus películas y la poca importancia que les daba y sus contestaciones secas y cortantes y sin explicaciones de grandes alardes técnicos, con anécdotas de rodaje, introduce una pedagogía fílmica de gran enjundia y pocas veces escuchada.
Cierra el volumen “La carrera de Ford”. Filmografía y bibliografía escogida además de tres páginas con fotografías bastante inéditas por aquel entonces (poseo la 2ª edición, 1983).
Como dice Mr. Kaplan en un recomendable escrito sobre el volumen: “No es un libro amplio, no contiene sesudos análisis de sus películas, las reflexiones son escasas…la filmografía y breve sinopsis de cada una, hoy ya superadas por otras publicaciones más ambiciosas y el suplemento fotográfico que incluye al final es del mismo papel que el resto del libro y es más bien pobre aunque la selección de imágenes son irreprochables. Sin embargo es un libro mítico, legendario … divertido, ameno, apabullante...” (recordemos que se trata de un libro de bolsillo, de precio no muy elevado y asequible a muchos bolsillos y con referencia a “la amplitud y reflexiones” ya vendrán las obras de Tag Gallagher o Quim Casas entre otros, 1).
DOS- HATARI BOOKS, adoptando el título de la popular película africana de Howard Hawks, es la nueva editorial fundada principalmente por Eduardo Torres-Dulce y José Luis Garci. Dos eminentes fordianos. El primer libro editado (2) es precisamente el de Peter Bogdanovich, en una edición revisada y ampliada, presentado en la pasada feria del libro de Madrid. Ahora se trata de un volumen de lujo, encuadernado en tela y profusamente ilustrado — traducción de Fernando Santos Fontela para las ediciones originales de Fundamentos y Andrés Moret Urdampilleta para Hatari Books — con magníficas fotos.
Para esta edición Peter Bogdanovich escribe unas líneas introductorias (16-10-2017), contento con el proyecto de Hatari al igual que los familiares de Ford. Se conserva el antiguo esquema de la obra: 1) My name’s John Ford. I make Westerns” (ahora título original en ingles para este capítulo), 2, “Poeta y comediante”, 3) “Un oficio nada más” (mismo que “Un trabajo que hacer” en Fundamentos pero cambiando el título), también está, por supuesto, la filmografía ahora ampliada y completa (capítulo 5), la bibliografía con muchos más título registrados, claro, las películas citadas y los créditos fotográficos. Los episodios añadidos son una post introducción titulada “Encuentro en Monument Valley” y “Toque de silencio” como capítulo 4, ambos no incluidos en las ediciones españolas anteriores. En “Encuentro en Monument Valley” el autor narra más anécdotas, el encuentro con Ford en el rodaje de “El gran combate” (1964) y como simpatizaron ambos hombres mientras ”Toque de silencio”, también de carácter evocador, rememora los últimos días de John Ford, su última conversación con su amigo Howard Hawks y las vivencias y conversaciones de Bogdanovich con el maestro … Libro altamente recomendable …

Narcís Ribot i Trafí

1)- Libros citados sobre John Ford. El 3/10/2013 publiqué en estas páginas una bibliografía, especialmente en castellano, sobre John Ford. Repito los libros citados en el presente escrito sobre la obra de Peter Bogdanovich:
–“John Ford, el arte y la leyenda”, de Quim Casas (“Colección Dirigido por…), Barcelona (1989) –”John Ford, the Man and his Films”, de Ted Gallagher (University California Press, 1986).
Edición española: “John Ford, el hombre y su cine” (Akal S.A.), Madrid (2009)
2)- El segundo libro publicado por Hatari Books es “Recordando al Sr. Maugham”, de Garson Kanin. William Somerset Maugham fue uno de los escritores más famosos en lengua inglesa y uno de los más adaptados en cine y TV.

“EL UNIVERSO DE JOHN FORD”, NOVEDAD LITERARIA

-Es probablemente el director de cine más prestigioso y para muchos el mejor de todo la Historia del Cine. John Ford supo crear un universo propio en el que valores como la camaradería, el honor, el sacrificio y el valor toman un renovado significado al ser observados por su prisma, eminentemente cinematográfico, de pionero. . Es un mundo de diligencias, legiones invencibles, caravanas de paz y sargentos negros. Pero también de hombres tranquilos, delatores y valles irlandeses. El cine de Ford es el cine de las relaciones humanas. Veintinueve prestigiosos críticos analizan en “El universo de John Ford” todos sus films, sus colaboradores, sus obsesiones, sus filias, sus fobias- (“El Universo de John Ford”, libro recién aparecido, contraportada)-

Al finalizar el año 2017 una gran noticia, hecha después realidad, se ha producido para los aficionados al cine en general, a los seguidores de este director y a quienes se interesan por el lenguaje cinematográfico en función de su significado (y disfrute): la aparición de un nuevo libro sobre John Ford. Hace años publiqué una filmografía, generalmente de los volúmenes en lengua castellana (algunos eran traducciones). Ahora podemos decir que es extensa y completa porqué “El Universo de John Ford”, libro coral redactado por 29 críticos — algunos eminentes fordianos como Miguel Marías, Eduardo Torres- Dulce Lifante, Víctor Arribas, Quim Casas, etc. y otros menos conocidos pero no por ello menos destacables en sus correspondientes apartados y alguno que, conociendo sus escritos y su trayectoria, no se que pinta aquí pues parece que lo suyo es otro tipo de cine pero da igual puesto que el resultado global es magnífico — son 526 páginas editadas en papel couché con gran profusión de espléndidas fotografías, algunas inéditas. Estamos, pues, ante una auténtica enciclopedia de todo “el universo” de John Ford más que una biografía con estudio de su vida y obra al uso.
El intenso trabajo de investigación y estudio ha permitido analizar película por película, cosa jamás hecha por falta de datos y difícil localización de varias de sus primeros films. En forma breve pero precisa desde “Straigh Shooting” (1917), su primera película de larga duración hasta “Hoodman Blind” (“Almas averiadas”, 1923), para entrar, de forma más extensa, a obras más conocidas, aún del cine mudo, como “The Iron Horse” (“El caballo de hierro”, 1924) perfectamente reseñado en todas sus facetas por Israel Paredes Badía. Entramos en el cine sonoro y llegamos al final con “7 Women” (“7 mujeres”, 1966) — magnífica reseña, otra vez, de Miguel Marías — pero no acaba aquí. Hay un apartado dedicado a la poca televisión realizada por Ford y un completo diccionario de actores (John Wayne, Henry Fonda, James Steward, etc.), actrices (Maureen O’Hara, Katharine Hepburn, Vera Miles, etc.) técnicos (desde los guionistas hasta los fotógrafos), lugares comunes en donde gustaba filmar (Monument Valley, p. e.), la compañía fundada por Merian C. Cooper y por él (Argosy Pictures), los westerns, los no westerns, las compañías cinematográficas con las cuales trabajó, como director no acreditado (el par de tomas de “Hondo”, un western de John Farrow, las secuencias de acción de “Las aventuras de Marco Polo”, de Archie Mayo, las diversas escenas de “El Álamo” de un John Wayne pasado a la dirección), la figura real de Abraham Lincoln a quien Ford admiraba mucho, incluso el catolicismo de Ford y los documentales bélicos (recibió dos Oscar de los seis que obtuvo por sendos trabajos aunque él jamás dio ninguna importancia a estos premios) filmados siempre casi desde primera línea arriesgando su vida y perdiendo su ojo izquierdo… En un todo destacable recuerdo el excelente y profundo análisis de Quim Casas (autor del mejor estudio sobre Ford en forma de libro) para “Three Godfathers” (“Tres padrinos”, 1948), y “Wagon Master” (“Caravana de paz”, 1950), también el de Victor Arribas (escribió un exhaustiva obra, dividida en dos tomos sobre el “Cine Negro”) de “My Darling Clementine” (“Pasión de los fuertes”, 1946) así como los varios realizados por Miguel Marías autor de incisivos artículos sobre Ford. Por su parte José Luis Sánchez Noriega (autor de otro interesante libro sobre “El Cine Negro”) tiene en su haber “La diligencia” y “El Fugitivo” y Eduardo Torres- Dulce (escribió el libro más profundo y documentado sobre la “Trilogía de la Caballería”: “Jinetes en el cielo”) reflexiona sobre “El sargento negro”. Los menos conocidos por mí, como decía, rayan a gran altura entre las películas más significativas de Ford: Moisés Rodríguez (“El hombre que mató a Liberty Valance”), Espiro Freire (“Centauros del desierto”), Enrique Bolado (“El joven Lincoln”) y Alicia Mariño Espuelas (“El hombre tranquilo”).
Se ha seguido el esquema de otro libro de la editorial publicado hace poco: “Fritz Lang Universum” y otros que desconozco: 1) No hay presentación ni análisis del realizador, solo el comentario de la contraportada, 2) se disecciona película a película y allí se va desarrollando el estudio sobre sus obras por los especialistas, son obras corales y 3) el mundo propio del realizador (actores, actrices, técnicos, productores, compañías con los cuales más trabajó). Aunque encuentre a faltar lo del punto primero, sin lugar a dudas es un gran acierto…

“EL UNIVERSO DE JOHN FORD”
Autores : varios
Notorius Ediciones, S. L. (Madrid, 2017)
P.V.P.: 44,95€

Narcís Ribot i Trafí

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Vicios privados, públicas virtudes (1976)

LAS ORGÍAS DE  LOS RICOS

VICIOS PRIVADOS, PÚBLICAS VIRTUDES. Título original: Vizi privati, pubbliche virtù. Año: 1976. País: Italia. Dirección: Miklós Jancsó. Reparto: Lajos Balázsovits, Pamela Villoresi, Franco Branciaroli, Teresa Ann Savoy, Laura Betti, Ivica Pajer. Guion: Giovanna Gagliardo (Historia: Miklós Jancsó, Giovanna Gagliardo). Música: Francesco De Masi. Fotografía: Tomislav Pinter. Coproducción Italia-Yugoslavia; Filmes Cinematografica / Jadran Film Duración: 104 minutos.

Recreación libre de los últimos días de la vida de Rodolfo de Habsburgo, heredero del trono austro-húngaro, centrada en su vida sexual. En contra de la voluntad de su padre, el emperador Francisco José, sus días transcurren en el libertinaje, en una permanente fiesta donde abundan los escándalos y las orgías; además, mantiene un largo amorío con una mujer de la nobleza rural húngara, muy inferior en clase a la suya, María Vetsera, junto con quien muriera 1889.

En los años setenta las cintas eróticas se pusieron de moda y rara era la semana en que no se estrenara una cinta mostrando cuerpos desnudos de bellos jóvenes de ambos sexos.  Las pantallas reflejaban ansias como la liberación sexual que en tiempos anteriores estaba siendo ninguneada o perseguida. Esta cinta de Miklós Jancsó (Vác, Pest, 27 de septiembre de 1921 − Budapest, 31 de enero de 2014) fue de las  más exitosas por la belleza de sus imágenes.
Jancsó fue un cineasta húngaro muy crítico con su tiempo. Hungría estaba gobernada por un régimen comunista,  mitificado en la Europa del Oeste pero con gran resistencia en sus países de origen en los que tenían otra percepción del sistema.
Vicios privados, públicas virtudes no es una película húngara sino italiana, con guión de Giovanna Gagliardo, su esposa en la época, producida por una productora privada y dirigida a su explotación comercial. Es  decir, a conquistar la taquilla. No se trata de la típica película de cine-club por las que Jancsó se había movido hasta entonces.
Sino que iba a poder acceder al  gran público internacional que quedó fascinado por sus coreografías y sus bellas  imágenes.

Así, la película durante una hora es una auténtica borrachera de imágenes. Un espectáculo bello que en la actualidad no se estila.  Un film agradable a la vista con largos planos secuencia al estilo inconfundible  de Jancsó.
Los últimos veinte minutos, una vez acabada la fiesta son muy inferiores. Visto en el  mundo actual este film puede chocar pero en aquel tiempo las revueltas eran corrientes. Mayo del 68 había transcurrido 8 años antes  de ese rodaje. Una revuelta organizada por los hijos de los burgueses,  la futura clase dominante.
En Vicios privados, públias virtudes nos encontramos con una revuelta en forma de  orgía en la que participan los hijos de los nobles de Austria, gente que en su vida han sufrido exclusión y que ignoran lo que es ganarse el pan con el sudor de su frente. Gente que de ningún modo son la solución sino parte del problema.
Si ideológicamente es contestable, su imaginaría está fuera  de toda discusión. Un tipo de cine vital que ensalza los sentidos y cuyo atractivo no ha menguado pese al paso de los años.

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Alphaville (Lemmy contra Alphaville)

UNA EXTRAÑA AVENTURA
DE LEMMY CAUTION

ALPHAVILLE (LEMMY CONTRA ALPHAVILLE). Título original: Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution. Año: 1965. País: Francia. Dirección: Jean-Luc Godard. Reparto: Eddie Constantine (Lemmy Caution), Anna Karina (Natacha Von Braun), Akim Tamiroff (Henri Dickson), Howard Vernon (Pr Leonard von Braun/Nosferatu), Valérie Boisgel, Jean-Louis Comolli, Michel Delahaye, László Szabó (el científico), Jean-Pierre Léaud (sirviente del hotel), Christa Lang (primera seductora tercera clase). Guión: Jean-Luc Godard. Música: Paul Misraki. Fotografía: Raoul Coutard (B&W). Coproducción Francia-Italia; Athos Films / Chaumiane / Filmstudio. Duración: 99 minutos.

 

Lemmy Caution, detective creado por Peter Cheyney, fue una figura archipopular en los años cincuenta gracias al peculiar rostro de su intérprete Eddie Constantine (nacido como Israël Constantine; 29 de octubre de 1913 – 25 de febrero de 1993), aunque su primera aparición fue la de John Van Dreelen en Brelan d’As (1952) de Henri Verneuil. Pero tal vez la cara marcada de Constantine, su sonrisa dentrífica y su agilidad adquirida en su anterior carrera de cantante y bailarín, así como su corpulencia, lo que motivó el auténtico éxito de este agente del F.B.I. a pesar de que sus films sean todos europeos.
En Cita con la muerte (La môme vert-de-gris, 1952) de Bernard Borderie, Lemmy Caution arrolló al público con su chulería, su cinismo y la contundencia de sus puños, por eso la serie fue continuando con gran éxito popular, aunque en la actualidad está ya olvidado por las nuevas generaciones cinéfilas: Les femmes s’en balancent (1954) de Bernard Borderie; Votre dévoué Blake (1954) de Jean Laviron; ¡La que se va a armar! (Ça va barder!, 1955) de John Berry; Deuda saldada (L’homme et l’enfant, 1957) de Raoul André, donde Eddie Constantine cantaba una bella melodía llamada El hombre y el niño, y Lemmy y las espías (Lemmy pour les dames, 1961) de Bernard Borderie.
Jean-Luc Godard quiso darle la vuelta al personaje con su Lemmy contra Alphaville (Alphaville, 1965), uno de los films más delirantes de su autor donde el agente Lemmy (de nuevo Eddie Constantine en lo mejor de su forma) se enfrenta a unos villanos que viven en ciudades con luces de neón, donde los ciudadanos padecen un orden donde los sentimientos son ilógicos. Aunque este film no alegró las pajaritas a los fans de la serie, que en aquellos años estaba siendo desplazada por las lujosas aventuras de James Bond, se ha convertido en un clásico para todos los cinéfilos y actualmente éste es el único título que se recuerda de un agente del F.B.I. que años atrás no sólo machacó a sus enemigos a puñetazo limpio, sino también las taquillas europeas sin perder nunca su eterna sonrisa.
Godard y Constantine repitieron personaje en Alemania año 90 nueve cero (1991) sin ninguna repercusión. Aparte Constantine tuvo una pequeña aparición en Panische Zeiten (1980) de Peter Fratzscher y Udo Lindenberg, dos episodios de la serie Kottan ermittelt (1983), Tiger – Frühling in Wien (1984) de Peter Patzak, Makaroni Blues (1986) de Bela Csepcsanyi y Fred Sassebo, protagoniza el telefilme Le retour de Lemmy Caution (1989) de Josée Dayam y el ya mentado film de Godard que cierra esta filmografía sobre este en otro tiempo famoso agente del FBI.

Alphaville (Lemmy contra Alphaville) es una distopia o una antiutopía muy cara al cine de ciencia ficción así como a la literatura del género. Se muestra una sociedad futura que es negativa y extraña en donde todo funciona mal. Pero Godard muestra diversas lugares de París, una ciudad dominada por la informática y la falsa lógica.
Un falso periodista que hace fotos con una cámara de poca calidad llega a Alphaville y se aloja en un hotel siendo atendido por una seductora que se baña delante de él. Las escenas de peleas que en la filmografía de Eddie Constantine son espectaculares aquí son deliberadamente burdas. Es una autoparodia evidente. Es como si Godard se mofara de  los tópicos y artificios del género policiaco.
Hacía tres años del triunfo de Agente 007 contra el Dr. No (1962), el primer Bond oficial, que disparó la moda del cine de agentes y supuso la decadencia de Lemmy Caution y sus aventuras en blanco y negro que se veían pobres en comparación. Las pantallas se habían saturado de agentes secretos de toda índole con argumentos crónicos y repetitivos.
Godard utiliza la estetica propia de la Nouvelle Vague, fotografía ultra contrastada en blanco y negro, la aparición de su musa Anna Karina,  imágenes delirantes como esa ejecución en la piscina de los disidentes que no actúan según lo establecido.
Actualmente declarada film de culto, nos encontramos con una obra singular. Un film muy dificil de etiquetar pero que destaca por su imaginación y su fuerza expresiva. Godard intento rehacer el cine, reescribir los  códigos narrativos, pero su tarea era demasiado altruista. Si Truffaut y Chabrol triunfaron, Godard se convirtió en un cineasta  marginal y extraño. Lo  mejor fue su primera  época después, tras el Mayo de 1968, perdió los papeles y dejó de interesar.
Aquí tenemos una muestra del mejor Godard en donde brilló a gran altura.

Imagen de Alemania año 90 nueve cero (Allemagne 90 neuf zéro, 1991) de Jean-Luc Godard,  reencuentro de Lemmy Caution con Eddie Constantine. Un título rodado para televisión sobre el tema de la soledad. En la foto con Claudia Michelsen.

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La leyenda de la Ciudad sin Nombre

EN BUSCA DE FORTUNA

LA LEYENDA DE LA CIUDAD SIN NOMBRE. Título original (Paint Your Wagon. Año: 1969. País: Estados Unidos. Director: Joshua Logan. Reparto: Lee Marvin (Ben Rumson), Clint Eastwood (Pardner), Jean Seberg (Elizabeth), Harve Presnell (Podrido Luck Willie), Ray Walston (Mad Jack Duncan), Tom Ligon (Horton Fenty), Alan Dexter (Parson), William O’Connell (Horace Tabor), Benny Baker (Haywood Holbrook), Alan Baxter (Sr. Fenty), Paula Trueman (Sra. Fenty). Guion: Alan Jay Lerner, Paddy Chayefsky. Música: Frederick Loewe. Fotografía: William A. Fraker. Paramount Pictures. Duración: 166 minutos.

 

En 1951 el músico Frederick Loewe y el libretista Alan Jay Lerner (autores de My Fair Lady, Brigadoon y Camelot) estrenaron Paint Your Wagon, título que se puede traducir como “Pinta tu carreta”, sobre la fiebre del oro en California.
En 1969 se llevó al cine con un guión de Paddy Chayefsky que se apartaba mucho de la obra original, componiendo nuevas canciones, con diversas variaciones en el argumento.
El  reparto sorprendió a  propios y extraños. Lee Marvin, Clint Eastwood y Jean Seberg no tenian experiencias musicales y se confiaba poco en ellos para tal labor.  Sin embargo triunfaron en tan delicado cometido y la canción Wand’rin star cantada por Marvin se convirtió en un éxito inesperado en ventas.
Aunque el rodaje fue complicado, con numerosos problemas de producción, es una pelicula que conserva su frescura con el paso del tiempo.

La  leyenda de la ciudad sin nombre es un musical atípico, sus coreografías jamás pasarán a la historia pero sí sus canciones ubicadas en un Far West sucio y miserable con calles llenas de barro, mugre y unos personajes alocados que sueñan con el enriquecimiento fácil que nunca llega.
En el  vive Ben Rumson (Lee Marvin), un pionero alérgico a la civilización y las buenas costumbres. En cine el personaje es más salvaje que el original del teatro.
Logan incluye escenas de cine cómico tradicional como la destrucción de la ciudad sin nombre que se desploma por sus túneles internos.
Llamó la atención en que la trama principal esté protagonizada por un trío donde la menuda Jean Seberg convive con dos altos y fornidos maridos.
La cinta es un canto a la California salvaje de los primeros americanos anglosajones. Se omite el pasado español de estas tierras y su incorporación a México, época ignorada por Hollywood salvo las cintas de el Zorro. Una California multicultural con chinos, alemanes y prostitutas francesas. Resulta divertido cuando una orquestina china recibe con los toques de La Marsellesa a las prostitutas francesas.
Se trata de un filme amoral, políticamente incorrecto, en donde se glosa la libertad más abstracta. Actualmente no se podría rodar algo así, pero los tiempos cambian a veces para peor. La cinta queda como reflejo de los sueños de una época ya periclitada. El tiempo le ha otorgado una mirada nostálgica y en cierto modo triste pero las alegrías de vivir sobresale por encima de todo.

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La dolce vita (1960)

EL GRAN FELLINI

LA DOLCE VITA. Título original: La dolce vita. Año: 1960. País: Italia. Dirección: Federico Fellini. Reparto: Marcello Mastroianni, Anita Ekberg, Anouk Aimée, Yvonne Furneaux, Alain Cuny, Nadia Gray, Annibale Ninchi, Magali Noël, Lex Barker, Jacques Sernas, Adriano Celentano, Ida Galli Guion: Federico Fellini, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano, Brunello Rondi. Música: Nino Rota. Fotografía: Otello Martelli. Coproducción Italia-Francia; Pathé / Riama Film / Gray-Film. Duración:175 minutos.

Premios
1960: Festival de Cannes: Palma de Oro mejor película
1960: Premios BAFTA: Nominada a mejor película
1961: Oscar: Mejor vestuario (B&N). 4 nominaciones, incluyendo director y guión
1961: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película extranjera
1961: National Board of Review: Top mejores películas extranjeras
1959: Premios David di Donatello: Mejor director

La dolce vita es una crónica de la prensa de chismorreo, aquella que se dedica a publicar trivialidades e intimidades de gente famosa. Esta  película dio origen a la palabra paparazzi en honor a un personaje de este título que se dedica a la fotografía de prensa y que recurre a métodos poco limpios para conseguir sus noticias.
Dentro de la filmografía de Federico Fellini (Rímini, Emilia-Romaña; 20 de enero de 1920-Roma, 31 de octubre de 1993) supone la  frontera entre sus filmes neorrealistas y su etapa más personal que contaba con un estilo narrativo propio.
El estilo Fellini, facilmente reconocible, le dio mucha personalidad y agradó a la crítica más que al gran público. Era un cine innovador, intransferible y enérgico dotado de mucha  imaginación y fantasía.

Su cine tiene magia, un gran poder de fascinación sobretodo por la música de Nino Rota. En La dolce vita encontramos varios elementos de interés. La parte de los actores de Hollywood que filman en Cinecitta (Lex Barker y Anita Ekberg cuya secuencia en la Fontana de Trevi es antológica) es la más conocida pero la trama sigue. La secuencia en la que Marcello reencuentra a su padre y lleva a un cabaret en la que actúa un payaso triste y su famoso toque de trompeta es de lo mejor.
Fellini retrata a una sociedad ociosa, parasita, que vive de fiesta en fiesta y no hace nada productivo para la sociedad. Un mundo poblado de seres vacíos que no tienen nada, salvo dinero y viven interminables juergas nocturnas. Esa gente que no trabaja y lleva una dulce vida tristemente descerebrada.
También retrata ese mundillo de superstición en la que unos niños aseguran haber visto la Virgen. La película molestó al Vaticano y fue prohibida en muchos países,entre ellos España, y no se vió hasta 1980, veinte años después de su  estreno.

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