Senso (1954) de Luchino Visconti

CORAZÓN DE  MUJER

SENSO. Título original: Senso. Año: 1954. País: Italia. Dirección: Luchino Visconti. Reparto: Alida Valli (La condesa Livia Serpieri), Farley Granger (Teniente Franz Mahler), Massimo Girotti (el marqués Roberto Ussoni), Heinz Moog (el conde Serpieri), Rina Morelli (Laura, la ama de llaves), Christian Marquand (un oficial bohemio), Sergio Fantoni (Luca), Tino Bianchi (el capitán Meucci), Ernst Nadherny (el conmandante de la plaza de Verona), Tonio Selwart (el coronel Kleist), Marcella Mariani (Clara, la prostituta). Guion: Suso Cecchi d’Amico, Luchino Visconti, Paul Bowles, Tennessee Williams (Novela: Camillo Boito). Fotografía: G.R. Aldo, Robert Krasker. Lux Film. Duración: 115 minutos.

Senso  es un exquisito melodrama dirigido por el maestro Visconti. Me encanta como los italianos tratan de maestros a sus cineastas, todo lo contrario de la España tan esperpéntica que conocemos que detesta cualquier muestra de cultura y olvida a sus mejores realizadores.
Ambientada en la misma época que El Gatopardo pero  en el norte de Italia. La ocupación austriaca y la lucha por la independencia a cargo de Giuseppe Garibaldi (Niza, 4 de julio de 1807-Caprera, 2 de junio de 1882).
El tormentoso drama de una aristócrata ya madura y aburrida con su destino enamorada de un joven espejismo (Farley Granger) se quiso rodar con Ingrid Bergman (entonces esposa  de Roberto Rosellini que se negó a cederla) y con María Félix que hubiera estado fantástica pero las leyes italianas que sólo dejaban rodar una película al año a los actores extranjeros se  lo  impidieron.
Finalmente la actriz y cantante Alida Valli (Alida Maria Laura von Altenburger, Pola, Reino de Italia, hoy Croacia, 31 de mayo de 1921 – Roma, Italia, 22 de abril de 2006) se hizo con el papel, logrando una de sus  mejores actuaciones, tal  vez la intérprete más  adecuada por  ser en la vida real la Baronesa Alida Maria Laura Altenburger von Marckenstein-Frauenberg del Sacro Romano Imperio de la Nación Alemana.
El director Luchino Visconti di Modrone, conde de Lonate Pozzolo (Milán, 2 de noviembre de 1906 – Roma, 17 de marzo de 1976) fue un aristócrata desclasado. Aristócrata, homosexual y además marxista. Su filmografía es  de las mejores del cine mundial y es una de las figuras más queridas en este Diario de Cine.

Visconti sabía crear como nadie la muerte de un mundo, la aristocracia ociosa y parasita que durante siglos había regido los destinos del mundo occidental. Destaca su exquisita puesta en escena, esos decorados,  esos movimientos de masas en las guerras garibaldinas presente en ambos filmes aqui citados.
Se retrata el punto de vista de una clase traidora  a Italia por colaborar con el invasor. Las primeras secuencias nos traslada a una representación de ópera con gran bullicio en el gallinero (los pisos más altos del teatro con las entradas más económicas y presencia de espectadores de clase humilde) con sediciosos patriotas lanzando octavillas propagandísticas al patio de butaca donde abundaban los militares austriacos y sus cómplices aristocráticos italianos.
En este ambiente nos encontramos con una historia de desamor o mejor dicho de amor interesado. La condesa busca un revulsivo a su monótona existencia y el joven teniente medios económicos para vivir sus aventuras con prostitutas jóvenes y apetecibles.
Con sumo detalle Visconti nos describe la traición de ambos a sus países y a ellos mismos. La utilización de lujosos decorados en los que vive la aristocracia, su opulencia que nos les da la felicidad. Al  contrario, son seres tristes y amargados. Parásitos que viven de los impuestos de sus pueblos, de sus rentas y demás estipendios. Una clase poco productiva a punto de ser sustituida por una burguesía más dinámica pero vulgar.
Es la muerte de un mundo que no ha servido para nada. El de los grandes señores arrogantes con su gran complejo de superioridad, su infantil egoísmo que les lleva a su desaparición como clase dominante.
Una gran película de un gran cineasta.

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