Adiós Jerry, gracias por tus películas

JERRY LEWIS,
ETERNO ADOLESCENTE

El actor Jerry Lewis ha muerto a los 91 años en su casa de Las Vegas. Lo ha confirmado Review Journal a través de su representante. El actor, protagonista de películas como El botones o El Profesor Chiflado deja siete hijos. Aunque no se han concretado las causas del fallecimiento, en junio el actor fue hospitalizado en Las Vegas por una infección del tracto urinario, lo último en un largo historial de problemas de salud, como el ataque al corazón del que se repuso en 2006.
Cuando a finales de los cuarenta apareció Jerry Lewis había nacido el cómico moderno. Si sus inmediatos antecesores (Red Skelton, Bob Hope y Danny Kaye, el mejor de los tres) perdían parte de su ingenio al traspasar las fronteras, ese joven de mirada tierna y voz chillona era en cambio un artista universal porque en cierto modo resucitaba el burlesco más clásico aunque adaptado a los nuevos tiempos.
Joseph Levitch, de religión judía, nació en Newark, Nueva York, el 16 de marzo de 1926. El futuro Jerry Lewis, su nombre artístico, era hijo de un cantante de cabaret y de una pianista de variedades.
Jerry Lewis se inició pronto en el mundo del espectáculo, a los cinco años cantaba en el coro “Castkills”, a los diez organiza un espectáculo teatral con sus compañeros de colegio y a los diecisiete ya se había convertido en un auténtico profesional. En 1944 actuaba como cantante en las orquestas de Ted Florito y Jimmy Dorsey. Dos años después se junta con un cantante melódico de origen italiano, Dean Martin, iniciando una larga colaboración en cabarets, radio, televisión y finalmente cine.
Contratados por la Paramount, la pareja Dean Martin-Jerry Lewis, no tardó en eclipsar a Bud Abbott y Lou Costello de la Universal, entonces en declive, y también a la formada por Bing Crosby y Bob Hope en su misma productora.
Está claro que la capacidad histriónica de Lewis superaba con creces a sus antecesores. Pero tal como dijo Buster Keaton, un actor cómico no debe hacer el idiota, debe sorprender al público. El personaje de Jerry Lewis es imaginativo, soñador, pero no tan cretino como suele creerse. Mas bien resulta un lunático, como Stan Laurel, su ídolo, al que intentó ayudar desde que entró en el mundo del cine. Robinsones atómicos, último film del tandem se rodó dos años después del debut de la nueva pareja, fracasando estrepitosamente en taquilla. Tras la muerte de Oliver Hardy en 1957, Laurel se había convertido en un inválido, paralítico y diabético, hasta morir en 1965 completamente marginado de la industria hollywoodense. En esta situación, Jerry Lewis acudía regularmente a visitarle a su casa en Santa Mónica (costumbre también seguida por Dick Van Dyke, un astro de la televisión, cuando éste se trasladó a California) y le tendió una mano comprándole gags anónimos (nunca acreditados, tal vez para no perjudicarle la pensión de jubilación) para ayudarle a sobrevivir en tan dramáticas circunstancias.
La comparación no es ociosa. El personaje de Jerry Lewis, en cierto modo parece un hijo neurasténico de Stan Laurel, ambos son seres apocados que siempre se ven agredidos por el entorno hostil en que viven, un entorno que les niega la comprensión y que les desprecia. Sus respectivas parejas, tanto Oliver Hardy como Dean Martin son seres dominantes y a ratos innobles, que les maltratan y les explotan. Aunque debemos precisar que el personaje del primero es mucho más gracioso y menos antipático que el del segundo.

Tanto en My Friend Irma (1949) como en My Friend Irma Goes West (1950, ambas de George Marshall, títulos con los que se dieron a conocer, ya se establecía la relación dominante-dominado. Estas comedias modestas, de escaso presupuesto, fueron evolucionando hasta productos de factura más sólida y espectacular. Hal Walker era su director habitual: At War With the Army (1950); That’s My Boy (1951); ¡Vaya par de marinos! (Sailor Beware!, 1951). Curiosamente, ese realizador les hizo aparecer brevemente en un plano de Camino de Bali (Road to Bali, 1952), protagonizada por la pareja rival Bing Crosby y Bob Hope.
Actuando bajo la dirección de artesanos como Norman Taurog la pareja se fue afianzando poco a poco: Jumping Jacks (1952), The Stooge (1952); ¡Qué par de golfantes! (The Caddy, 1953); Viviendo su vida (Living it Up, 1954); y Un fresco en apuros (You’re Never Too Young, 1955), ésta ya en el más brillante technicolor al igual que Juntos ante el peligro (Pardners, 1956), una deliciosa parodia del western.
Se tratan de films cómicos-musicales, muy sencillos, muy simpáticos, donde Dean Martin actuaba como galán algo almibarado pero nada simpático. La pareja parecía no encajar bien, tal como habían hecho sus predecesores porque la personalidad de ambos era muy distinta, además fuera del plató, las relaciones entre ambos compañeros se iba deteriorando hasta desembocar en una profunda enemistad.
Una herencia de miedo (Scared Stiff, 1953) de George Marshall fue la clásica parodia de las películas de miedo con cameo de la pareja rival Bing Crosby y Bob Hope, más la bomba brasileña Carmen Miranda; El jinete loco (Money from Home, 1953), del mismo director, recordaba en cierto modo Un día en las carreras con los hermanos Marx y El rey del circo (1954) de Joseph Pevney estaba ambientado en el mundo del circo.
Las dos últimas cintas de la pareja fueron dirigidas por Frank Tashlin, uno de los mejores realizadores de la comedia cómica, que dio un empaque distinto al cine de Jerry Lewis. Esta vez, junto a un brillante technicolor, cada vez más chillón, se contaba con un sistema espectacular. Me refiero al llamado Vistavisión, con una extraordinaria calidad de imagen, ya que se utilizaba la cinta de 35 mm. en sentido horizontal, no vertical, con una mayor definición de grano al contar con un fotograma de tamaño doble al habitual.
Artistas y modelos (Artists and Models, 1955) y Loco por Anita (Hollywood or Bust, 1956) fueron los dos vehículos con los que Tashlin despidió el tandem Martin-Lewis. El primero basado en el mundo del comic, tenía un aliciente superior con la participación de Shirley McLaine en el papel de Mujer-gato, la enamorada del histriónico cómico, con quien emparejaba a la perfección. La escultural Anita Ekberg aparecía en ambas cintas, la segunda de las cuales estaba dedicada a la cinefilia, muy cara a Jerry, con unas cancioncitas donde se parodiaba con ironía las imágenes estereotipadas del ridículo erotismo yanqui.
Tras la separación, Dean Martin se convirtió en un excelente actor dramático y de comedia romántica. Recordemos, por encima de todo, su sheriff borracho de Río Bravo (Rio Bravo, 1958) de Howard Hawks, un espléndido western al lado de John Wayne.
Jerry Lewis, en solitario, no perdió ni un ápice de su originalidad. Recordemos los casos de Oliver Hardy en Zenobia o Groucho Marx en Copacabana, donde no alcanzaron el nivel habitual, aunque su colaboración no sea tan desdeñable como se ha escrito en demasía porque ni público ni crítica admitió la menor variación de su personaje habitual. Pero el histriónico Jerry tuvo mejor suerte, su popularidad aumentó sin el lastre de Dean Martin ya que éste, siendo buen actor, corría con un papel que no daba más de sí.

Continuará

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