Las últimas musas de Leone

ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA

Yo tenía 9 o 10 años cuando veraneaba en Carranza (Vizcaya) cuando me comentaron que en Laredo (Cantabria), una villa cercana, se rodaba una película, El Coloso de Rodas y la familia realizó una excursión llena de curiosidad para conocer de primera mano el mágico mundo del cine.
El director era todo un novato, Sergio Leone (Roma, 3 de enero de 1929 – Roma, 30 de abril de 1989), que no acabó la película pero sí su ayudante Jordi Grau que años después se convirtió en amigo del autor de estas líneas.
Leone triunfó en el western rodado en Almería, tras su trilogía del dólar, Hasta que llegó su hora y la obra menor Agáchate,maldito, se despidió del cine y de la vida con Érase una vez en América (1984). No entiendo porqué rodó tan pocas películas porque su cine tiene mucha personalidad, es bello y soporta perfectamente el paso del tiempo.
Su cine era muy masculino, las mujeres tienen poco peso salvo excepciones como Claudia Cardinale en Hasta que llegó su hora, y en su testamento cinematográfico aparecen cuatro actrices que no triunfaron en el cine pese a tener sus buenas oportunidades.
La primera, Darlanne Fluegel, actualmente es una perfecta desconocida. En la cinta fue la pareja de Robert De Niro con un trágico final.

Tuesday Weld fue una actriz que parecía que se iba a comer el mundo. Hija de Bob Hope en Lecciones de amor en Suecia y pareja Steve McQueen en El rey del juego. Tras su rodaje con Leone se fue apagando hasta desaparecer definitivamente.

Elizabeth McGovern estuvo nominada al Oscar por Ragtime de Milos Forman. Tuvo más suerte en televisión y en las tablas. Pero está ahí, para disfrutar con su presencia.

Jennifer Connelly es la mejor librada de las cuatro. ganadora del Óscar y el Globo de Oro por su papel en A Beautiful Mind. A pesar de que la película de Leone es la que menos me gusta de su autor, la he visto varias veces y nunca la he recordado,tiene en cambio un momento mágico, sublime, cuando ensaya un baile de niña (rodó esta cinta a los trece años) entre sacos de harina al ritmo de la canción Amapola mientras es observada por un agujero por un joven mirón.
Se trata de uno de esos a grandes momentos que uno retiene para siempre en la memoria y que forma parte de una vida cinéfila. Toda una lección de cine.

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