El Gran Dictador (1940)

LA ÚLTIMA OBRA MAESTRA
DE CHAPLIN

EL GRAN DICTADOR. Título original: The Great Dictator. Año: 1940. País: Estados Unidos. Dirección: Charles Chaplin. Reparto: Charles Chaplin (el barbero judío/ el dictador de Tomania), Paulette Goddard (Hannah), Jack Oakie (Benzino Napaloni, dictador de Bacteria), Reginald Gardiner (Schultz), Henry Daniell (Garbitsch), Billy Gilbert (Herring), Maurice Moscovich (el señor Jaeckel), Emma Dunn (la señora Jaeckel), Bernard Gorcey (el señor Mann), Chester Conklin (cliente del barbero), Esther Michelson (mujer judía), Hank Mann (guardia de asalto). Guion: Charles Chaplin. Música: Charles Chaplin, Meredith Willson. Fotografía: Roland Totheroh, Karl Struss (B&W). United Artists. Duración: 128 minutos.

Antes que nada quiero contar un recuerdo de mi infancia. En aquel tiempo en las iglesias católicas había un día, solía ser por Semana Santa, en que los fieles asistían con unas carracas, y en un momento dado las hacían sonar. Eso lo llamaban «matar judíos«, a los que culpaban de la muerte de Jesucristo y de ser avaros y usureros.
Desde la época del Imperio Romano existe la judeofobia. No se trata de pureza aria ni nada parecido. Al pueblo judío les acusaban de ser mala gente. Eso pasaba en toda Europa y otras partes del mundo. En la Roma de los Césares, los zelotes asesinaban gente porque el Imperio había ocupado su país. El pueblo romano que sufría sus vendettas los odiaban sin compasión.
En la época Nazi el odio al judío era una cortina de humo para ocultar las deficiencias políticas del Gobierno de Hitler. El antisemitismo siempre ha sido eso. Una maniobra de distracción. Un falso problema para que el pueblo olvide los verdaderos problemas. La película de Chaplin en el fondo trata de eso, de un régimen dictatorial que persigue a un pueblo a los que se culpa de todo.

El gran dictador en su día provocó numerosas polémicas. Se parodiaba a dos líderes mundiales antes de que el mundo descubriera su maldad. Nadie quiso producir la película por lo que Chaplin se tuvo que hipotecar.
Obtuvo un éxito impresionante aunque en algunos países, como España, se prohibió. En ella Chaplin interpreta dos personajes: Un barbero judío, muy parecido a Charlot, y el dictador Hynkel de Tomania. Fue la última obra maestra de su autor. Sus siguientes trabajos tenían calidad pero un tono menor.
La película tiene un tono más dramático que lo habitual. Chaplin interpreta a un barbero judío que es confundido con el dictador por su parecido físico. Entonces pronuncia un discurso antológico, algo mesiánico pero lleno de humanidad y buenas intenciones.
Tenemos también a Paulette Godard, su musa de entonces, una mujer extraordinaria. Los judíos son presentados como gente algo ingenua que vive su vida sin preocuparse de nada mientras en palacio se discute su destino.
El pueblo no intenta mejorar su situación. Se parecen a los judíos de Anatevka en El violinista en el tejado. Gentes con escasa conciencia política. Dejan hacer mientras no les molesten y cuando les molestan es demasiado tarde.
Como comedia tiene muy buenos gags. Hynkel en sus discursos habla en camelo sonando a alemán. Mas que un dictador parece un payaso absurdo. El propio Hitler vio la película dos veces y se enojó mucho. Desde entonces acusan a Chaplin de judío, aunque era católico. Recordemos la escena de la barberia en donde el barbero afeita a Chester Cocklin a ritmo de la Danza Húngara de Johannes Brahm. Todo un espectáculo.
Una gran película que ha vencido el paso del tiempo.


Douglas Fairbanks, Mary Pickford, Sir Charles Chaplin y David Wark Griffith crearon la productora United Artist. La prensa comentó «los locos se han hecho dueños de su manicomio«.

Esta entrada fue publicada en Cine. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *