INSÓLITO WESTERN

EL DEMONIO, LA CARNE Y EL PERDÓN. Título original: The Singer Not the Song. Año: 1961. País: Reino Unido. Dirección: Roy Ward Baker. Reparto: John Mills (Padre Michael Keogh), Dirk Bogarde (Anacleto Comachi), Mylène Demongeot (Locha de Cortinez), Laurence Naismith (Old Uncle), John Bentley (Capitán de la Policía), Leslie French (Padre Gómez), Eric Pohlmann (Presidente), Norman Florence (Vito), Roger Delgado (Pedro de Cortinez), Philip Gilbert (Phil Brown), Selma Vaz Dias (Chela). Guion: Nigel Balchin. Novela: Audrey Erskine-Lindop. Música: Philip Green. Fotografía: Otto Heller. The Rank Organisation. Duración: 132 minutos.

Roy Ward Baker (Londres, 16 de diciembre de 1916 – Londres, 5 de octubre de 2010) es un director a quién tengo en alta estima. En la crónica de Doctor Jekyll y la hermana Hyde hablo sobre su filmografía y a este escrito me remito. Por lo tanto pasaré a escribir sobre sus tres intérpretes principales.
Derek Jules Gaspard Ulric Niven van den Bogaerde (Londres, 28 de marzo de 1921-Londres, 8 de mayo de 1999), conocido como Dirk Bogarde fue un actor y escritor británico. Tras su participación en la Segunda Guerra Mundial debutó como actor en The Rank Organisation como galán y a veces como villano. Tuvo una primera etapa como actor de películas llamadas comerciales, rodadas para públicos domingueros como Un médico en la marina (1955) junto a Brigitte Bardot. Eran comedias amables, simpáticas con el típico humor británico con frases de doble sentido.
En los años sesenta Bogarde cambió de registro e inició su colaboración con Joseph Losey (un director estadounidense exiliado por la Caza de Brujas del senador McCarthy) y protagonizó la inquietante El sirviente (1963) y después Accidente (1967) pero sus mejores películas fueron las que rodó con el aristócrata italiano Luchino Visconti, La caída de los dioses (1969) y sobretodo la magistral Muerte en Venecia (1971), tal vez su mejor película. No olvidemos Portero de noche (1974) de Liliana Caviani, un film a revisitar. Dirk Bogarde es uno de los actores más prestigiosos del cine británico y mundial. Un fuera de serie sin ninguna duda.
Marie-Hélène Demongeot (Niza, 29 de septiembre de 1935-París, 1 de diciembre de 2022),[1] conocida artísticamente como Mylène Demongeot, es la chica de la película de Roy Ward Baker. Una actriz todo terreno protagonista de la saga de Fantomas con Jean Marais y Louis de Funes. Aparte de este film, comentado aquí por un servidor, fue la pérfida Mylady de Winter en la versión de Los tres mosqueteros (1961) de Bernard Borderie y varios peplum como La batalla de Maratón (1959), El rapto de las Sabinas (1961) con Roger Moore… Además La cabaña del tío Tom (1965) sobre el tema de la esclavitud de la población negra en los Estados Unidos de América y, entre otras, Cerveza para todos (1968) de Frank Tashlin con Bob Hope.
El protagonista es toda una institución en el cine británico, John Millls (North Elmham, Norfolk, 22 de febrero de 1908-Denham, Buckinghamshire, 23 de abril de 2005). Es el padre de la también actriz Hayle Mills que apareció en películas de Walt Disney. Con su hija rodó La bahía del tigre (1959) y Luna de miel en familia (1966), ambas recomendables sobretodo la primera. Recordemos Es grande ser joven (1956) de Cyril Frankel, un musical británico de gran éxito que transcurre en una escuela. Para Walt Disney protagonizó Los robinsones de los Mares del Sur (1960) de Ken Annakin, uno de los mejores títulos de la compañía. De nuevo con Roy Ward Baker fue el doctor Watson en Sherlock Holmes y la máscara de la muerte (1984). John Mills fue un todoterreno, un actor versátil y seguro. Un hombre afable y sensible capaz de triunfar en cualquier empresa.

La acción está ubicada en un poblado poco recomendable de México. Está ubicada después de la Guerra Cristera (1926 – 1929) en la que se quiso reducir la influencia de la Iglesia Católica en todo el Estado. Muchos sacerdotes fueron perseguidos en aquel tiempo. El argumento de la película de Roy Ward Baker nos recuerda a El padrecito (1964) de Mario Moreno Cantinflas en la que un joven sacerdote tiene pleitos con un cacique local que no quiere escuelas y evita el progreso de su pueblo para tenerlo dominado a su conveniencia. También a Río Escondido (1948) de Emilio Fernández con María Félix, en la que una maestra se enfrenta a un cacique local (ex guerrillero con Pancho Villa) que quiere impedir la alfabetización de su pueblo.
La trama de la película que nos ocupa gira alrededor de un sacerdote (John Mills) que debe enfrentarse a un energúmeno que atemoriza a los párrocos de su comunidad. La relación entre ese pistolero de negro (Dirk Bogarde) y el párroco es ambigua. ¿Homosexualidad latente? quizás.
La película tiene su ambiente hostil, su lucha contra un poder tiránico y represor. El personaje de Bogarde está lleno de contradicciones. ¿Puede un tirano arrepentirse y convertirse en una persona justa?
El ambiente es un México rural, una ambientación extraña para un filme británico muy alejada de estos parajes. Es encomiable que la cinta huya de la demagogia barata propia de estas temáticas y nos muestren un relato sobrio y comedido.
Si John Mills vuelve a brillar con su sobriedad, Bogarde en cierto modo exagera su papel. Nos muestra un personaje completamente desquiciado. Mylene Demongeot embellece la función con su presencia. Su personaje apenas tiene peso en la trama.
En conjunto la película es muy extraña pero interesante de ver. Un western atípico, muy diferente de la épica hollywoodense y del mugriento espagueti italiano. Es un western personal y original en su concepción. Una buena muestra del talento de su director, Roy Ward Baker.




















































Muchos críticos consideran que Ciudadano Kane es la mejor película de la Historia del Cine en competencia por tal título con El Acorazado Potemkin (1925) de Serguéi Mijáilovich Eisenstein y 























Esta película ha sido masacrada por la crítica y por una parte del público así como un batacazo en taquilla impresionante. Cuando he podido visionarla no esperaba nada de ella pero tampoco suelo hacer caso de los críticos y de las opiniones ajenas por muy respetables que sean. En internet hay muchos haters, gentes repletas de odio sin saber porqué que todo lo revientan con ensañamiento. Eso no es mi estilo porque no suelo tener tan nefastos sentimientos con el prójimo aunque cuando algo no me gusta suelo ser sincero.








A pesar del desprestigio del cine español, menospreciado con la etiqueta españolada, de tanto en tanto se han rodado buenas películas que obtuvieron un éxito importante como es el caso de Los últimos de Filipinas (1945). Esta película tuvo un remake olvidable en 2016 a la que no dedicaré ni una sílaba. Hubo otros remakes aquí desconocidos rodados por cineastas filipinos curiosamente simpatizando con los insurrectos.





