EL IMPERIO ASTROHÚNGARO

CALABUCH. Título original: Calabuch. Año: 1956. País: España. Dirección: Luis García Berlanga. Reparto: Edmund Gwenn (Prof. Jorge Serra Hamilton), Valentina Cortese (Eloisa, La maestra de escuela), Juan Calvo (Matías), Franco Fabrizi (Langosta), Manuel Alexandre (Vicente), José Isbert (Don Ramón), José Luis Ozores (Cucherito, el torero), Félix Fernández (Don Félix, el sacerdote), Nicolás D. Perchicot (Andrés), Mario Berriatúa (Juan), Francisco Bernal (Crescencio), María Vico (Teresa), Isa Ferreiro (Carmen), Manuel Guitián (Don Leonardo), Casimiro Hurtado (Antonio), Pedro Beltrán (Fermín). Guion: Luis García Berlanga, Leonardo Martín, Florentino Soria, Ennio Flaiano. Música: Angelo Francesco Lavagnino, Guido Guerrini. Fotografía: Francisco Sempere (B&W). Coproducción España-Italia; Águila Films, Film Costellazione Produzione. Duración: 92 minutos.

No sé quién fue la persona que declaró que los españoles no estamos racionalmente capacitados para rodar cine. Sólo sé que se equivoca. Claro está que en España hemos rodado muchos bodrios, pero también obras maestras como la presente película. Bodrios subvencionados por el Estado muchos, pero nuestra cinematografía tuvo francotiradores que desafiaban el entorno rodando buen cine. En la crónica de París – Tombuctú (1999) ya hablamos de Luis García Berlanga, mi director español favorito, por lo que no voy a reincidir.
Como protagonista tenemos al londinense Edmund Gwenn (Londres, 26 de septiembre de 1877-Los Ángeles, 6 de septiembre de 1959), un secundario del cine de Hollywood aquí aparece como protagonista en su última película. Probablemente éste sea su mejor trabajo en toda su carrera en la que llegó a trabajar con Alfred Hitchcock.
También en papeles secundarios tenemos a los famosos Pepe Isbert, José Luis Ozores, Félix Fernández, Manuel Alexandre y demás entrañables actores de aquel cine que siempre intentaba burlar una censura atroz.
También está Juan Calvo (Onteniente, 22 de mayo de 1892 – Madrid, 6 de marzo de 1962), famoso Fray Papilla de Marcelino, pan y vino (1955) y antes el mejor Sancho Panza en la mejor versión de Don Quijote de la Mancha (1947) del gran Rafael Gil.
Tenemos aquí dos grandes figuras italianas: Valentina Cortese (Milán, 1 de enero de 1923-Milán, 10 de julio de 2019) con una importante filmografía a sus espaldas, y Franco Fabrizi (15 de febrero de 1916 Cortemaggiore – 18 de octubre de 1995) que trabajó con Federico Fellini y Luchino Visconti.

La película abre con unas imágenes del Castillo del Papa Luna, o Castillo de Peñíscola, es una fortaleza del siglo XIII situada en un peñón a 64 metros sobre el mar en Castellón, famosa por haber sido la sede pontificia del Papa Benedicto XIII. Calabuch es el nombre de un pueblo imaginario pero se rodó en Peñíscola antes del boom turístico que la convirtió en una villa muy apreciada.
Estas imágenes recuerdan en cierto modo a El Cid (1961) de Anthony Mann rodada en los mismos lugares que la presente película. Berlanga nos habla de un lugar mitificado donde todo el mundo es feliz aunque la maestra nos cuenta que esta villa en invierno es muy triste y todos sus habitantes se quieren marchar a otra ciudad.
En Calabuch llega un día un vagabundo llamado Jorge a quien todos consideran un mendigo. No saben que en realidad se trata de un sabio atómico desaparecido misteriosamente y que huye de su destino.
Los personajes de Calabuch son bondadosos y entrañables, pronto aceptarán al vagabundo creyendo que es un infeliz, un pobre que no tiene donde caerse muerto e ignoran su verdadera personalidad.
Berlanga suelta toda su ironía. Este pueblo es para el sabio fugitivo un paraíso porque nadie se mete con nadie. Todos hacen lo que les da la gana. Es una utopía simpática con toreros que viajan con su toro en una camioneta destartalada, un lugar con una iglesia con un órgano que desafina. Un farero con un manual del Imperio Austrohúngaro que juega al ajedrez con el cura del pueblo. Una villa repleta de buena gente. Pero los sueños duran poco y hay que volver a la realidad. De nada sirven unas fuerzas del orden compuesta por soldados romanos anacrónicos. Una cárcel que parece una fonda en donde el sabio es feliz.
Calabuch es una de las mejores películas del cine español con gran prestigio internacional. Una película que demuestra que se puede hacer buen cine en España. Una película eterna que es un retrato de una sociedad simple y soñadora.


El Cid (1961), Peñíscola representa Valencia. Fue conquistada por nuestro paladín el 17 de junio de 1094, pero el castillo fue construido por los templarios entre 1294 y 1307 . En aquella época no existía.



La noche del cazador es una de las grandes obras maestras de la Historia del Cine pero en su día fue machacada por la crítica y por el púbico que no fue a verla por lo que su director no insistió nunca más. ¿Qué falló en su tiempo? Tal vez porque no era una película que se pareciera a otra. No es un producto en serie y su realización es insólita.
















Odiseo (Ulises), Troya, Menelao están de moda por la película de Cristopher Nolan pero siempre hemos tenido a estos héroes y antihéroes en la pantalla grande y chica. Son personajes ya familiares para los cinéfilos de todo el mundo. La vida privada de Helena de Troya (1927) de Alexander Korda ya nos presentó a la bella esposa de Menelao raptada por París. Giovanni Pastrone y Luigi Romano Borgnetto habían rodado un mediometraje, La caida de Troya en 1911. En 1961 se estrenó La guerra de Troya con Steve Reeves en el papel de Eneas, papel que repitió en La leyenda de Eneas (1962) basadas en La Eneida de Virgilio.



















Todos los países del mundo han tenido su épica, sus grandes momentos de gloria, los Estados Unidos nos han aburrido con su propaganda. Me parece bien que estén orgullosos de su país pero a veces caen en el más espantoso de los ridículos. Los españoles en cambio parece que nos avergonzamos de nuestro pasado y es hora de avivar nuestra memoria histórica. Entre los años 1908 y 1913 nuestro país se convirtió en el Vietnam español, el emperador Napoleón Bonaparte, invencible en casi todo el mundo, encontró su talón de Aquiles en España. La gente se echó espontáneamente a la calle para combatir al ejercito invasor.









Ho


























En las reseñas de 


Robert Wise, el director de la película, a quién conocí en persona en el Festival de Sitges de 1985.
