UN AUDAZ EXPERIMENTO

LA SOGA. Título original: Rope. Año: 1948. País: Estados Unidos. Dirección: Alfred Hitchcock. Reparto: James Stewart (Rupert Cadell), John Dall (Brandon), Farley Granger (Phillip), Edith Evanson (Mrs. Wilson), Douglas Dick (Kenneth), Joan Chandler (Janet), Sir Cedric Hardwicke (Mr. Kentley), Dick Hogan (David Kentley), Constance Collier (Mrs. Atwater). Guion: Arthur Laurents, Hume Cronyn. Obra: Patrick Hamilton. Música: David Buttolph. Fotografía: Joseph A. Valentine, William V. Skall. Warner Bros., Transatlantic Pictures. Duración: 80 minutos.

La Soga fue un experimento muy arriesgado de Alfred Hitchcock. Rodar toda la película en un sólo plano. De hecho no es así, hay varios cortes a lo largo de este retraje disimulado con planos en que un cuerpo se cruza ante la cámara. Entonces el maestro británico aprovecha para realizar un corte que se disimula con el cuerpo del actor correspondiente.
El guion está basado en una obra de teatro de Patrick Hamilton, adaptado al cine por el actor Hume Cronyn que en La sombra de una duda interpreta al vecino morboso de la familia protagonista.
En el reparto nos encontramos a John Dall, el desdichado general romano Publio Marco Glabro al que Espartaco vence y humilla en la película de 1960. No es un actor muy conocido al igual que Farley Granger, conocido por Senso (1954) de Luchino Visonti. Aquí son una pareja homosexual aunque no citan su condición en el transcurso de su metraje.
Hitchcock siempre fue un director audaz, en aquella época la homosexualidad estaba prohibida en el cine por lo que el cineasta británico se jugó el cuello por ello.

La audacia de esta cinta radica en que el tiempo real y el tiempo fílmico es el mismo. Igual que en una obra de teatro y no aburren a nadie. Hitchcock decía que el cine es un patio de butacas a rellenar lo que motivó que algunos críticos le acusaran de rodar productos mercantiles con ansias de ganar dinero como si eso fuera un crimen.
Lejos de esa acusación, el cine de Hitchcock rebosa de cualidades artísticas por los cuatro costados.
La trama de La Soga se inicia con un asesinato. Dos homosexuales estrangulan a un compañero de estudios y lo encierran en un arcón y posteriormente celebran un guateque. Lejos de arrepentirse presumen de que el crimen es una bella arte porque elimina a los «seres inferiores» (sic) pero en el transcurso del guateque incurrirán en contradicciones y levantarán sospechas.
James Stewart realiza otra de sus más geniales interpretaciones y Hitchcock lleva un ritmo muy contenido. Los actores tienen mucha calidad y se lucen en sus respectivos papeles. No es un Hitchcock mayor pero es un Hitchcock. El rodaje con las enormes cámaras de televisión fue una pesadilla pero un experimento único.




Alfred Hitchcock tenía un dicho muy popular: «Nunca ruedes una película con perros, niños ni con Charles Laughton«. Charles Laughton (Scarborough, Inglaterra, 1 de julio de 1899-Los Ángeles, 15 de diciembre de 1962) tenía algo de mala prensa porque era un actor excelente pero muy difícil de tratar, Tuvo problemas con Hitchcock y con Josef Von Sternberg, con quién rodó el inconcluso 














La sombra de una duda está ubicado en un pueblo estadounidense con una familia vulgar y corriente. En el reparto tenemos a Joseph Cotten (Petersburg, 15 de mayo de 1905 – Westwood, 6 de febrero de 1994), un actor muy ligado a Orson Welles: Ciudadano Kane (1941), El cuarto mandamiento (1942) y El tercer hombre (1949). También destacó en Duelo al sol (1946), con Jennifer Jones, y Niágara (1953) de Henry Hathaway, junto a Marilyn Monroe, Era un actor eficaz, con sus buenas o malas rachas pero siempre cumplía con sus objetivos.















Cuando era niño no existía la televisión en España o al menos no la veíamos aquí. La radio era la reina de la casa. Había canciones que no paraban de sonar. Una de ellas era ¿Qué será, será? de Jay Livingston y Ray Evans que en 1956 ganó el Oscar a la mejor canción por El hombre que sabía demasiado (1956), cantada por la cálida voz de Doris Day en dicha película. Este título es un remare de una película del propio Hitchcock en 1934 del que ya hablaremos otro día.
















Hace los cine-clubs y la gente progresista me decían que Cuba es un Paraíso, sin embargo la gente que vive allí, la que la visita y la que huyó me dicen todo lo contrario. Fidel Castro tenía muy buen prestigio entre los progres europeos y sobretodo entre la crítica cinematográfica simpatizante con esos regímenes.



Alfred Hitchcock y Claude Jade



















