Siete novias para siete hermanos (1954)

LA MAGIA DE LA METRO

SIETE NOVIAS PARA SIETE HERMANOS. Título original: Seven Brides for Seven Brothers. Año: 1954. País: Estados Unidos. Dirección: Stanley Donen. Reparto: Howard Keel (Adam), Jane Powell (Milly), Jeff Richards (Benjamin), Julie Newmar (Dorcas), Matt Mattox (Caleb), Ruta Lee (Ruth), Marc Platt (Daniel), Norma Doggett (Martha), Jacques d’Amboise (Ephraim), Virginia Gibson (Liza), Tommy Rall (Flor (Florindo)), Betty Carr (Sarah), Russ Tamblyn (Gideon), Nancy Kilgas (Alice). Guion: Albert Hackett, Frances Goodrich, Dorothy Kingsley. Libro The Sobbin’ Women, de Stephen Vincent Benét. Música: Adolph Deutsch, Saul Chaplin. Coreografía: Michael Kidd. Fotografía: George J. Folsey. Metro-Goldwyn-Mayer, Loew’s. Distribuidora: MGM. Duración: 103 minutos.

Alguna vez he comentado que la Metro Goldwyn Mayer, la productora del león que ruge, fue un desastre para la comedia cómica pero brilló con esplendor en el terreno del musical. En 1953 se rodaban en sus estudios Brigadoon y Siete novias para siete hermanos, la Metro confiaba en el gran éxito de la primera y la segunda la menospreció al considerarla un film menor de entretenimiento. Por eso la película de Stanley Donen (Columbia, Carolina del Sur; 13 de abril de 1924-Manhattan, Nueva York; 21 de febrero de 2019) sufrió toda clase de recortes presupuestarios en beneficio de la primera, de la leyenda escocesa sobre un pueblo que aparece un día cada cien años.
Pues cuando ambas producciones se estrenaron la fábula de las tierras altas pinchó, pero la comedia sobre siete hermanos montañeses y sus románticas novias fue todo un bombazo.
En el reparto tenemos al impresionante barítono Howard Keel (Gillespie, Illinois; 13 de abril de 1919 – Palm Desert, California; 7 de noviembre de 2004) como Adam, el hermano mayor que se casa al principio de la película, excelente cantante pero un actor discreto que cumple con su papel. En esta cinta es donde estuvo mejor, siempre en musicales de la Metro, pocas apariciones aparte, aunque goza de un buen soporte secundario. La chica es la soprano Jane Powell (Portland, Oregón, 1 de abril de 1929-Wilton, Connecticut, 16 de septiembre de 2021), una actriz más completa y con un papel de más enjundia. Entre los secundarios destaca nuestro querido Russ Tamblyn de quién ya hemos hablado en otro escrito. Excelente bailarín y simpático carácter.
Stanley Donen está asociado a Gene Kelly en varios musicales de gran calidad como Un día en Nueva York (1949), Cantando bajo la lluvia (1952), mi película favorita de la Historia del Cine, y Siempre hace buen tiempo (1955). Fuera de la Metro dirigió tres comedias no musicales: Indiscreta (1958), Charada (1963) y Dos en la carretera (1967).  Fue productor y director de películas independientes, recuerdo  Movie Movie (1978), dos cortometrajes con los mismos actores, recuerdo de los viejos cines de bario con programas dobles. Una de sus últimas películas fue Lío en Río (1984), los amores de una jovencita con un galán maduro, padre de su mejor amiga. Un buen título que merecería ser recordado.

Esta obra maestra del cine musical suele gustar mucho a las chicas y a los cinéfilos amantes del género. Sus canciones son muy bonitas, sin ninguna duda. La primera, Bless Yore Beautiful Hide (Bendita sea tu hermosa piel), es toda una declaración de príncipios. Un granjero leñador (Howard Keel) se acerca a un poblado de Oregón en busca de provisiones y de una esposa. Vive en un solitario rancho con seis hermanos asilvestrados, sucios y toscos. No sabían siquiera que existían las chicas. Nunca habían visto ninguna.
La aparición de una cuñada joven es para ellos una revolución. Sienten nuevos sentimientos, valga la redundancia. Esta película ha sido tratada de machista pero yo creo que es discutible esta aseveración. Los hermanos son toscos, paletos, ignorantes. La cuñada les hace evolucionar como personas. De unos energúmenos los va convirtiendo en caballeros responsables.
Es espectacular la danza en la que los hermanos compiten por las chicas con los mozos del pueblo. Es toda una sensación, uno de los mejores ballets jamás vistos en cine. Por deficiencias de la época casi toda la película se rodó en estudio, los decorados son muy artificiales. Pero es la época en que se rodó cuando la técnica estaba muy atrasada y el presupuesto de la película menguaba cada día más.
Los directivos de la Metro no creían en el proyecto pero se equivocaron completamente. Siete novias para siete hermanos arrasó en taquilla y en sucesivas reposiciones. Tenían un gran director al frente y a una gran estrella, Jane Powell, que llenaba la pantalla pese a su figura chiquita.
El guion es inteligente. Los chicos creen haber conquistado a las chicas, pero éstas los civilizan. Sin ellas siempre hubieran seguido en su atraso silvestre.
Las novias tienen dignidad. No son alienadas de ningún modo. Los hermanos las secuestran pero las respetan.
Cuando les preguntan quién es la madre del niño que han oído llorar los padres de las chicas, ellas responden «¡mío!«, Un antecedente del «yo soy Espartaco» de Kubrick. Es una declaración revolucionaria para quedarse con los hermanos y evitar que los ahorquen.
No es políticamente correcta ni woke, pero no tan machista como le han acusado. Comprendo a las feministas que se sienten ofendidas pero un análisis más exhaustivo puede defender esta cinta de acusaciones de machismo y patriarcado.
Es una película muy colorista, muy alegre que entusiasma al público. Sobretodo al público femenino pese a la opinión negativa de las radicales feministas. Estos hermanos viven en un mundo muy difícil, el salvaje oeste. Un lugar donde puedes morir por naderías.
Vista en la actualidad la película conserva su vitalidad, sus ganas de vivir. Su optimismo desenfrenado. Una película clásica que nunca muere.

Gene Kelly y Van Johnson rodaban Brigadoon cuando Howard Keel protagonizaba Siete novias para siete hermanos.

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