MI MADELEINE

FALSA SEDUCCIÓN. Título original: Unlawful Entry. Año: 1992. País: Estados Unidos. Dirección: Jonathan Kaplan. Reparto: Madeleine Stowe (Karen Carr), Kurt Russell (Michael Carr), Ray Liotta (Oficial Pete Davis), Roger E. Mosley (Oficial Roy Cole), Ken Lerner (Roger Graham), Deborah Offner (Penny, amiga de Karen), Carmen Argenzian (Jerome Lurie), Andy Romano (Capitán Russell Hayes). Guion: Lewis Colick. Música: James Horner. Fotografía: Jamie Anderson. 20th Century Fox. Duración: 111 minutos.


Todos tenemos nuestras musas o nuestros musos. La carne es (afortunadamente) débil. Una de mis debilidades es Madeleine Stowe, qué le vamos hacer. Madeleine ya tiene una entrada para ella sola y a ella me remito.
Jonathan Kaplan (París, 25 de noviembre de 1947 – Los Ángeles, California, 1 de agosto de 2025) tuvo una carrera correcta. Sus películas se pueden ver. No es un genio del cine ni mucho menos pero tampoco un bodriero que los hay y en demasía. Su cine es normal, no molesta.
Tenemos además dos buenos actores al frente del reparto, Kurt Russell (Springfield, Massachusetts, 17 de marzo de 1951) y Ray Liotta (Newark, Nueva Jersey, 18 de diciembre de 1954 – Santo Domingo, 26 de mayo de 2022), muy eficaces los dos. Son dos profesionales estadounidenses que cumplieron siempre con sus papeles. La película de la que hablamos es entretenida y cumple con llenar una hora y media. No es una obra maestra pero tampoco un bodrio.


Falsa seducción es un thriller de suspenso. Muy previsible y con escaso relieve. Jonathan Kaplan no es Alfred Hitchcock, ni Roger Corman, ni Brian DePalma, directores de gran personalidad. La película cumple con su cometido de entretener pero nada más. Es muy discreta.
Madeleine Stowe está espléndida, como siempre. Es una gozada verla en el papel de una mujer acosada por un amante no deseado. Los dos compañeros están perfectos en sus respectivos papeles, el marido acosado y el policía acosador. Ray Liotta es un perfecto villano.
La película avanza de forma muy tradicional. Una casa muy lujosa como ocurre en el cine estadounidense. Típico producto de la fábrica de sueños. La producción quiere dar buena imagen. Los actores muy bien vestidos y las escenas de sexo son elegantes. Los críticos llaman a esas películas «películas macarena» porque siempre repiten las mismas estrofas. Siempre es lo mismo. Clichés repetidos hasta la saciedad. Nada te sorprende. Es un cine hecho para públicos domingueros que van al cine los domingos para pasar el rato y divertirse. A mí me parece bien, vivimos cuatro días… no vale la pena amargarse la vida con problemas innecesarios.

