La túnica sagrada (1953)

EL NACIMIENTO DEL CINEMASCOPE

LA TÚNICA SAGRADA. Título original: The Robe. Año: 1953. País: Estados Unidos. Dirección: Henry Koster. Reparto: Richard Burton (Marcelo Gallio), Jean Simmons (Diana), Victor Mature (Demetrio), Michael Rennie (Pedro), Jay Robinson (Caligula), Dean Jagger (Justo), Torin Thatcher (Senador Gallio), Richard Boone (Poncio Pilato), Betta St. John (Miriam), Jeff Morrow (Pablo), Ernest Thesiger (Tiberio), Dawn Addams (Junia). Guion: Philip Dunne. Novela: Lloyd C. Douglas. Música: Alfred Newman. Fotografía: Leon Shamroy. 20th Century Fox. Duración: 135 minutos.

Ésta fue la primera película rodada en Cinemascope. CinemaScope es un sistema cinematográfico de pantalla ancha que usa lentes anamórficos especiales para comprimir una imagen amplia en el fotograma estándar de 35mm durante el rodaje y luego descomprimirla para proyectarla en una pantalla panorámica.
El Cinemascope nació para combatir la competencia de la televisión. La televisión traía el cine a casa, por lo que no era interesante acercarse a los cines para ver películas que se podían disfrutar en tu hogar sin pasar por taquilla. Pero la televisión de entonces tenía pantallas pequeñas y nos atormentaban con anuncios puestos en medio de los cintas, interrumpiendo su desarrollo y perdíamos el hilo de los argumentos.

Ya hemos comentado el Cinemascope y ahora pasamos a la película La túnica sagrada en sí, una cinta que recuerda al gran éxito de la Metro Qvo Vadis (1951) con un Nerón enloquecido y una historia de amor que aquí tiene un final trágico.  Aquí tenemos a un histriónico Jay Robinson interpretando a un histérico Caligula.
La trama gira alrededor de los últimos años de Tiberio (Ernest Thesiger, el doctor Pretorius de La novia de Frankenstein)  y el principio de Caligula, ambos perseguidores de los cristianos aunque en realidad ambos emperadores nunca supieron nada de esa religión. Pero Hollywod es Hollywood, la 20th Century Fox son expertos en falsificar la historia.
La película no es más que una aventura romántica para satisfacer las plateas de su época. La realización es muy profesional, los actores están perfectos en sus respectivos personajes. Jean Simmons destila ternura, dulzura mucho antes que en Espartaco (1960), Richard Burton era un actor especializado en ese tipo de papeles, fue Marco Antonio en la Cleopatra (19623) que arruinó a la Fox. Victor Mature hace de Víctor Mature y protagonizó la secuela, Demetrius y los gladiadores (1954).

La película en sí no es buena ni es mala. Es un producto comercial, una mercancía. Nada de arte, ni de lejos. Sin embargo el peplum de la época, entonces muy de moda, era alegre y divertido. Lo que más me gusta son esas escenas de orgías y banquetes romanos con bailarinas enseñando los muslos. Muy graciosos.
El filme de Henry Koster no es cine de autor, es un producto hecho para divertir. El aspecto religioso es infantil, «aquel hombre me miró fijamente en los ojos» dice Demetrius para justificar su conversión al cristianismo. La fé nació porque era una religión de esperanza y la abrazaron las  víctimas del orgulloso Imperio Romano. En las primeras secuencias se nos dice que el esplendor de Roma se consiguió humillando a otros pueblos. Robaban todo lo que encontraban, mataban gente y a otra la esclavizaban. Esa es la verdad de Roma. También trajo la Civilización, las ciudades y el Orden. Tuvo aspectos negativos y aspectos positivos. Cada cual escoja los que prefiera.

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