Y CHARLOT CANTÓ EN PANTALLA
TIEMPOS MODERNOS. Título original: Modern Times. Año: 1936. País: Estados Unidos. Dirección: Charlie Chaplin. Reparto: Charlie Chaplin (Charlot, el vagabundo), Paulette Goddard (la golfilla), Henry Bergman (Propietario del café), Tiny Sandford (Big Bill), Chester Conklin (Mecánico), Hank Mann (Ladrón), Stanley Blystone (Padre de la golfilla), Allan García (Presidente de la Steel Corp. Electro), Richard Alexander (Alcalde de la prisión), Cecil Reynolds (Ministro), Mira McKinney (La esposa del ministro), Murdock MacQuarrie (J. Widdecombre Billows), Wilfred Lucas (Oficial de menores). Guion: Charlie Chaplin. Música: Charlie Chaplin. Fotografía: Roland Totheroh, Ira H. Morgan (B&W). Duración: 89 minutos. United Artists.

Muchas veces he comentado la siguiente anécdota. Cuando iba a catequesis para prepararme para la Primera Comunión en la Parroquia de Cristo Rey, en Reus, Cataluña, el amable párroco mosen Joan Ciurana, un sacerdote amable y campechano nos pasaba en la sacristía películas mudas en 8 mm de un cineasta singular, el gran Charlie Chaplin, más conocido como Charlot. Desde entonces soy fan de ese gran actor. Admiro a Buster Keaton y a Stan Laurel, también, pero Chaplin siempre despertó en mí un interés religioso porque cuando veo sus películas me viene a la mente los recuerdos sagrados de cera y agua bendita.
En vida se le vilipendió por cualquier motivo. Se le acusó de judío y comunista cuando no era ni lo uno ni lo otro. Chaplin envió a sus hijos a internados católicos ultraconservadores para que cursaran sus estudios. Su educación fue algo rígida. De orígenes pobres sintió deseos de rebeldía en sus películas pero no en la vida real. Fue, a pesar de todo, un buen hombre dotado de un excelente corazón.
Su Charlot no era un ser ideológico ejemplar, era un lumpen, un pícaro, un superviviente. De menuda estatura era perjudicado por la arrogancia de los demás, seres fanfarrones y mediocres El pequeño vagabundo era una víctima revuelta. Eso sí, sin perder su elegancia y sus modales de caballero.

En Tiempos Modernos Chaplin se preocupa por la justicia social. La justicia social no interesaba exclusivamente a los comunistas sino a fuerzas de todo el espectro político. La acción nos lleva a los años treinta del siglo pasado, aunque gracias a la restauración la película se vé como nueva. La Gran Depresión estadounidense fue brutal e interesó a todas las fuerzas políticas.
Charlot, aquí acompañado por una golfilla (excelente Paulette Godard), tratan de sobrevivir a toda la vorágine que les rodea. La masificación laboral alienante, los empresarios inhumanos obsesionados con la riqueza económica.
El vagabundo y la golfilla viven en un mundo que se les cae encima, que les persigue y no les deja vivir en paz. Se encuentran con un entorno que les agrede, cuando consiguen triunfar y conseguir un buen empleo los servicios sociales lo echan a perder.
Película muda con algunos diálogos sonoros nos da la oportunidad de oír cantar a Charlot una canción absurda de Léo Daniderff, Je cherche après Titine, con una letra sin sentido en algarrabía. Excelente parodia, hoy día un clásico.
Estamos ante una obra maestra con un final emocionante. Esta vez Charlot marcha hacia el infinito acompañado de su pareja, un final feliz para nuestro amado vagabundo.
Salvador Sáinz


Corría el verano de 1960 cuando mi familia disfrutaba de unas vacaciones en Carranza (Vizcaya), ahora llamada Karrantza Harana. Mi padre un día nos dijo que en una población cercana, Laredo (Cantabria), rodaban una película llamada El Coloso de Rodas. Un peplum que provocó nuestra curiosidad y fuimos a ver el rodaje en el puerto de la villa con las patas del famoso coloso. Conocimos a George Rigaud, San Valentín, y vimos a Rory Calhoun en vivo. Estaba un director desconocido en su silla. Aquel director, años después triunfó con westerns rodados en España con actores poco conocidos o en decadencia.












































Ambas partes, en apariencia idénticas, en realidad son muy distintas. En la primera se pasan el tiempo con gestos muy exagerados y la segunda es muy fluida, sobresaliendo la secuencia del banquete con la burla al inocentón primo del zar. Una secuencia magistral con números musicales de gran calidad que incluso nos hace soñar con un Eisenstein distinto. La primera es romántica, la segunda es melancólica. Iván siente nostalgia por el amor perdido, se encuentra sólo, rodeado de enemigos crueles y se resiente por las intrigas que le dejaron viudo.
