Premiere mundial de «El regreso de Mary Poppins»

EL GRAN ÉXITO
DE ESTAS NAVIDADES

Dolby Theater en Los Angeles, California USA, 29 de noviembre de 2018. Premier mundial de El regreso de Mary Poppins con la presencia de productores, director y principales actores del elenco. La película está llamada a ser una de las más taquilleras del año, tiene sus ingredientes y ya hablaremos cuando toque. Faltan seis días para su estreno, entonces saldremos de dudas si este título está a la altura de su predecesora o es una desagradable decepción.

 

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Una mujer cualquiera

COSAS DE MUJERES

UNA MUJER CUALQUIERA. Año: 1949. País: España. Director: Rafael Gil. Reparto: María Félix (Nieves Blanco), Antonio Vilar (Luis), Mary Delgado (Isabel), Juan Espantaleón (Comisario), José Nieto (Vecino), Juan de Landa (Padre de Luis), Manolo Morán (Taxista), Eduardo Fajardo (Ricardo), Fernando Fernández de Córdoba (Doctor), Ángel de Andrés (Camionero), Carolina Giménez (Rosa), Ricardo Acero (Viajero tren), Julia Caba Alba (Ofelia), María Isbert (Pasajera tren), Félix Fernández (Julio), Rafael Bardem (Diseñador de moda), José Prada (Policía tren), Manuel Requena (Sereno), Manuel Aguilera (Ayudante comisario), Luis Rivera, Arturo Marín (Revisor tren), Manuel San Román. Guión: Miguel Mihura y Rafael Gil. Música: Manuel Parada. Fotografía: Theodore J. Pahle. Cesáreo González P.C Duración: 89 minutos.

Año 1949, hace diez que acabó la Guerra Civil y la postguerra es dura. Una mujer de clase acomodada (María Félix) pierde su hijo y se separa de su marido. No tiene salidas profesionales y los hombres tratan de aprovecharse. Era una España profundamente machista la que retrata este filme de Rafael Gil (Madrid, 22 de mayo de 1913-ibídem, 10 de julio de 1986) con guión de Miguel Mihura (Madrid, 21 de julio de 1905-ibídem, 28 de octubre de 1977), autor teatral y fundador de La  Codorniz, la revista más audaz para el lector más inteligente.
Rafael Gil, uno de los grandes caballeros del cine español y uno  de sus mejores realizadores, supo sacar partido de la gran diva María Félix con la que rodó tres películas (Mare Nostrum, esta que nos ocupa y La noche del sábado).

Esta es una  de las mejores películas de la popular actriz, la gran diva mexicana que es adorada por mucha gente y  odiada por otra. De un país con una industria floreciente como es México la gran diva viaja a España que estaba en la autarquia,  que no tenía relaciones diplomáticas con su país natal, que estaba proscrito y desahuciado. Un país muy sombrio y triste.
El guión del humorista Miguel Mihura saca personajes alegres como ese taxista creado por Manolo  Morán o el camionero encarnado por Angel de Andrés. Juan Espantaleón es un comisario de policía bonachón pero nada alelado. Las pruebas que se le presentan son demasiado evidentes por lo que pueden ser falsas.
Una mujer cualquiera nos acerca a la condición femenina en una situación dura e injusta.Los años cuarenta fueron los años del hambre, del paro y de la miseria en España, el país que en otros tiempos conquistó las Américas.
El personaje de Maria Félix es una superviviente en una sociedad que le es adversa, agravada por su condición de extranjera. Una mujer que se ve envuelta en una trampa mortal tendida por un indeseable del que se enamora.
Más que engañada se deja engañar por amor. Un amor tóxico,  maldito y enfermizo. La mujer cae en la trampa viéndose implicada en una trampa mortífera que la va destruyendo.
Rafael Gil construye su relato a la perfección, crea un ambiente opresivo, asfixiante que conduce a la muerte, a la destrucción con un hombre que juega con sus sentimientos. Uno de los mejores retratos del machismo español y de sus consecuencias destructivas.

A la izquierda el director Rafael Gil, enmedio María Félix y a la derecha Antonio Villar

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La camarada Mary Poppins

ADIÓS, MARY POPPINS (1983)

ADIÓS, MARY POPPINS. Título original: Meri Poppins, do svidaniya. Año: 1983. País: Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Director: Leonid Kvinikhidze. Reparto: Natalya Andrejchenko (Mary Poppins), Tatyana Voronina (voz cantante de Mary Poppins), Albert Filozov (Mr. Banks), Lembit Ulfsak (Robert Robertson, el poeta y compositor), Pavel Smeyan (voz cantante de Robert Robertson), Oleg Tabakov (Miss Andrew, principal antagonista), Larisa Udovichenko (Mrs. Banks), Filipp Rukavishnikov (Michael Banks), Anna Plisetskaya (Jane Banks), Irina Skobtseva (Miss Lark, la dueña del perro), Zinovi Gerdt (Almirante Boom), Marina Nudga (Madame Corry), Qali Abaydulov (Sire Louis), Semyon Sokolovsky (Sir Wilkins, El Señor de Edad), Igor Yasulovich (Smith guardián del parque), Pavel Babakov (carnicero), Leonid Kanevsky (Bob Goodetty), Yuri Moroz (Cartero), Ilya Rutberg (Oficial‬), Eduard Levin (Policia), Viktor Kārkliņš (Neleus el niño de mármol), Anatoli Gorokhov (voz sólo). Música compuesta por: Maksim Dunayevsky. Guión: Vladimir Valutskiy. Historia creada por: Pamela Lyndon Travers. Fecha de estreno inicial: 1983. Dos episodios.

Próximamente se estrenará El regreso de Mary Poppins (2018), secuela de una película rodada hace 54 años en los Estudios Disney de Burbank. No voy hablar aquí de estas dos cintas ya que tienen su espacio en Diario de Cine pero sí de un remake rodado en 1983 por la televisión soviética. Dos episodios que han sido olvidados por los comentaristas mundiales o que tal vez ignoren su existencia.
La exigente Pamela Lyndon Travers no quedó contenta con el clásico de Disney que a tanta gente gusta, se negó a que la productora continuara la saga y a que otras productoras estadounidenses se hicieran cargo del proyecto. Por esta razón la secuela ha tardado cincuenta y cuatro años en rodarse pero la famosa escritora cedió los derechos a una televisión rusa en la época soviética.
El resultado es muy extraño, muy curioso, y no exento de calidad. Naturalmente no tiene la magia de los Estudios Disney, pero no  por ello es un título rechazable que se puede ver y es agradable a la vista.

Natalya Andrejchenko (Moscú, Rusia, 3 de mayo de 1956), la actriz soviética, nos ofrece una Mary Poppins válida, más moderna que la que conocemos, pero con menos medios económicos por lo que el producto no es tan sólido. Tiene sus buenos momentos y es curiosa en muchos aspectos.  La actriz es de primera calidad,  protagonizó en 1978 Siberiada obteniendo gran prestigio internacional, y tiene gran categoría como Emily Blunt y Julie Andrews, ambas excelentes profesionales del mundo del espectáculo.
En Occidente y sobretodo en España tenemos una imagen folcklórica de la Unión Soviética y de su cine que no se corresponde con la realidad. No es cierto que sólo rodaran películas de  propaganda política  sino que los cineastas tocaban todos los géneros con total normalidad y no estaban obsesionados con el marxismo leninismo tal como nos cuentan. Las gentes que vivían en estos territorios son gente normal, como lo somos nosotros, y no estaban supeditados a las doctrinas oficiales.

Esta Mary Poppins es inferior, eso sí, a las producidas por Disney pero es por cuestiones económicas. Son producciones para televisión pobres de producción y trabajos precipitados.
Es un producto simpático con unos padres, los Banks, más jóvenes y simpáticos que los de la producción de 1964. Incluso bailan en una secuencia.
La mansión Banks es más sencilla. Mary Poppins es la única sirvienta que cocina y pone las mesas. En una secuencia baña a Jane y duerme en el mismo dormitorio de los niños. Robert, el cantante bohemio, es hermano de la madre y vive con los Banks.
La casa tiene televisión porque está ubicada muy cerca en el tiempo. Se trata de una Mary Poppins moderna.
Sin embargo al  tener unos padres adorables no hay conflicto por lo que no está justificada la intervención de la niñera mágica. Eso sí, los telefilmes son muy divertidos y tienen su gracia.
Adiós, Mary Poppins es un telefilme olvidado del que nadie se acuerda. Es lástima de su olvido y de que sea  desconocido en nuestros lares porque tiene su ligero atractivo. No es ninguna obra maestra ni lo pretende. Son dos telefilmes simpáticos y agradables de ver que no pasarán a la Historia del Cine.
Por mucho que bramara la escritora Pamela L. Travers, si no fuera por la película clásica su niñera mágica estaría olvidada y nadie la conocería. Pero cada cual es como es y sus motivos debería tener para reaccionar tan negativamente.

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Superlópez (2018)

ANTIHÉROE A LA ESPAÑOLA

SUPERLÓPEZ. Año: 2018. País: España. Director: Javier Ruiz Caldera. Reparto: Dani Rovira (Superlópez), Maribel Verdú (Agatha), Alexandra Jiménez (Luisa Lanas), Pedro Casablanc (Juan López), Julián López (Jaime), Ferran Rañé (General Skorba), Gracia Olayo (Madre de López en la Tierra), Alejandro Serrano (Niño Súper López), Gonzalo de Castro (Padre biológico de López), Josep Maria Alejandre (Cliente taller), Biel Montoro (Cani 1). Guion: Borja Cobeaga, Diego San José (Cómic: Jan). Música: Fernando Velázquez. Fotografía: Arnau Valls Colomer. Zeta Cinema / Mediaset España / Movistar+ / Telecinco Cinema. Duración: 108 minutos.

España hace un par de siglos fue la nación más  poderosa del mundo pero su gloria se marchitó, decayó y se convirtió en un pais derrotista en donde se halaga la mediocridad y se detesta la brillantez. Ese es el mensaje que nos transmite este film de Javier Ruiz Caldera, basado en un comic de Jan (Juan López Fernández), parodia de las aventuras  de Clark Kent en las tiras americanas de Superman.
Superlópez (2018) es pues una parodia de Superman, pero si la caricatura es absurda lo es mucho más los personajes parodiados. La mayoría de comics y filmes sobre superhéroes  no tienen ni pies ni cabeza. Son divertidos y gustan a su público pero sus argumentos carecen de lógica y a veces caen en el ridículo.
Tienen una gran  legión de fans que los defienden a capa y espada, que disfrutan con sus aventuras y eso es legítimo, está  fuera de toda discusión.
La pelicula de Ruiz Caldera hace hincapie en los vicios españoles de maltratar a quien destaca y simpatizar con los mediocres, esa gente gris que nunca destaca. Hemos olvidado al Cid Campeador,  Pizarro, Hernán Cortés, Juan Sebastián Elcano y otros héroes hoy denostados.
La cinta critica ese derrotismo ibérico, ese complejo de inferioridad tan hispano y los tópicos nacionales como la envidia y la mala leche que nos corrompe.

Esta cinta ha triunfado en taquilla aunque creo que allende de nuestras fronteras poca gente la comprenderá. Superlópez más que una parodia es un antihéroe, un ciudadano medio que desea llevar una vida tranquila y se ve mezclado en una aventura con gente extraña que vienen con conflictos del pasado ya olvidados.
Un país que se resiste a evolucionar y que se hunde por conflictos absurdos. Un país en donde la gente presume de su ignorancia y que no ha abierto un libro en toda su vida. Un país  que necesita cambiar, evolucionar y progresar. Abrirse a nuevas ideas. Un país cuyos mayores enemigos somos nosotros mismos.

 

 

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Narciso Ibañez Serrador, Goya de Honor 2019

RECONOCIMIENTO
A UNA GRAN CARRERA

Narciso ‘Chicho’ Ibáñez Serrador  recibirá el Goya de Honor 2019, según ha anunciado la Academia de Cine. Cineasta, realizador de televisión, guionista, director teatral y actor, Ibáñez Serrador es el creador de películas de culto del cine de género como ¿Quién puede matar a un niño? y La residencia.
Dos películas que han dado la vuelta al mundo obteniendo gran éxito adonde se ha proyectado y que limpian la mala imagen del cine fantástico español empaña por productos de pésima calidad.
Según la Junta Directiva de la Academia de Cine, el galardón honorífico reconoce a un «un creador de pesadillas único y original» que ha abierto «el camino a toda una generación de cineastas españoles, que siempre han reconocido su influencia, y por su contribución al fantástico, el suspense y el terror«.

De hecho su carrera ha estado más centrada en la televisión que en el cine y muchos proyectos se quedaron en eso, en proyectos. Hijo del gran Narciso Ibáñez Menta y de la excelsa Pepita Serrador, gran actriz desaparecida prematuramente.
Narciso Ibáñez Serrador nació en Montevideo pero se formó en España y en Argentina. En 1957 inició su carrera en la televisión argentina junto a su padre que es considerado una leyenda en el país del tango y los gauchos.
En 1963 se trasladaron a España para iniciar una nueva etapa en sus vidas. Si en Argentina triunfaron con Obras maestras del terror, de la que rodaron un largo en 1961 que es toda una leyenda, y nos ofrecieron series de recuerdo imborable como Mañana puede ser verdad y las famosas Historias para no dormir.

Su programa Uno, dos, tres…responda otra vez es ya un clásico. Pero aquí nos toca hablar de sus películas y de sus series que son las que nos interesan. Mucho ha tardado la Academia en reconocer los méritos del gran Chicho, digno hijo de los genios de Narciso Ibáñez Menta y Pepita Serrador, padre de Alejandro Ibáñez Nauta, también realizador.
Nos alegramos mucho del reconocimiento de la Academia de Cine. Mucho. Felicidades Chicho, mi primer jefe en el mundo del espectáculo.

En 1981 Narciso Ibáñez Serrador y Narciso Ibáñez Menta fueron jurados de la segunda edición  de Imagfic en el cine Princesa. Nos conocimos en este lugar, meses después debuté como asesor cinematográfico en Mis terrores favoritos

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Bernardo Bertolucci

ADIÓS A UN MAESTRO

Bernardo Bertolucci (Parma, Reino de Italia, 16 de marzo de 1941-Roma, Italia, 26 de noviembre de 2018​) ha fallecido de cáncer cerrando así una goriosa filmografía. Su película El último emperador (The Last Emperor) ganó nueve premios Óscar en 1988. Pero en su curriculum tenemos otros títulos gloriosos como NovecentoEl inconformista, El último tango en París y Soñadores con Eva Green. Su carrera se inició con Morte di un maiale (1960, cortometraje en 16 mm) y dos años después su primer largo con actores desconocidos: La commare secca (La cosecha estéril).
En su primera etapa fue un director combativo con títulos como Antes de la revolución (1964),  La estrategia de la araña (1970),  El conformista (1970) pero no fue hasta El último tango en París (1972) con Marlon Brando y María Schneider que Bertolucci no se convirtió en un cineasta de éxito comercial.

La censura española prohibió la película pero provocó que miles de españoles hicieran turismo para verla en Perpiñán y Biarritz obteniendo un éxito aún mayor. El morbo vende muchas entradas y su aureola de película prohibida la hizo muy atractiva para numerosa gente.
Las escenas de la violación anal con mantequilla se hicieron famosas aunque años después hayan creado controversia sobre una supuesta violación denunciada por la inestable María Schneider.

Cuatro años después Bertolucci estrenó una gran producción, Novecento, con importantes actores en la cabecera del reparto: Robert De Niro, Gérard Depardieu, Dominique Sanda , Francesca Bertini, Laura Betti, Sterling Hayden, Alida Valli, Donald Sutherland y Burt Lancaster. La película narra el origen del socialismo y del fascismo en Italia. Bertolucci militó en el Partido Comunista Italiano provocando la admiración de cierta clase de críticos que todo lo analizan en función de sus ideas políticas. Pero la película no tuvo mucho éxito aunque en la actualidad es reverenciada como un clásico.
La luna (1979) tuvo más aceptación y funcionó mejor pero su myor éxito estaba por llegar.

El último emperador (1987) fue una superproducción rodada en China contando la vida de su último emperador Pu Yi (John Lone) y su consorte Wan Jung (Joan Chen) que ganó nueve premios Oscar de la Academia de Hollywood. Un título brillante que ha ido ganando con el paso del tiempo adquiriendo una nueva visión más transcendente.
El cielo protector (1990), El pequeño buda (1993) y Belleza robada (1996), sus siguientes títulos son obras menores aunque no carentes de atractivos.

Soñadores (2003) supuso su canto del cisne para cine y el cierre de su filmografía oficial. Un relato sobre estos jóvenes aburguesados, viviendo del dinero de sus padres, que se declaran revolucionarios y cinéfilos impenitentes.
Tú y Yo (2012) se grabó para vídeo y no tuvo transcendencia alguna. Bertolucci ya había dicho todo lo  que tenía que decir y a sus 77 años nos ha dejado quedando como herencia sus películas. Se ha ido un gran cineasta y un gran erótomano. Que la eternidad le sea propicia para siempre.

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El desprecio (1963)

UN GODARD EN COLOR

EL DESPRECIO. Título original: Le mépris. Año: 1963. País: Francia. Dirección: Jean-Luc Godard. Reparto: Brigitte Bardot (Camille Javal), Michel Piccoli (Paul Javal), Jack Palance (Jeremy Prokosch), Giorgia Moll (Francesca Vanini), Fritz Lang (Fritz Lang), Raoul Coutard (Cameraman), Jean-Luc Godard (ayudante dirección de Fritz Lang), Bernie Grant (voz de Paul Javal), Linda Veras (sirena). Guion: Jean-Luc Godard (Novela: Alberto Moravia). Música: Georges Delerue. Fotografía: Raoul Coutard. Coproducción Francia-Italia; Les Films Concordia / Compagnia Cinematografica Champion Magic / Rome Paris Films. Duración: 102 minutos.

 

Al final de la escapada (1960) supuso la gran revelación como cineasta de Jean-Luc Godard,  uno de los directores más radicales del cine mundial. Ese blanco y negro tan contrastado,  cámara en mano, rodaje en las calles parisinas, esa frescura que sorprendió e irritó a gente bienpensante.
No es de extrañar que los cantos de sirena del cine comercial cantaran para el joven cineasta. Así a todo color, scope, una estrella de moda como Brigitte Bardot, el genial Jack Palance, especialializado en villanos de Hollywood, la adición de Fritz Lang como actor suponen una golosina para muchos cinéfilos.
Pero Godard no quedó contentó y volvió  a un cine mucho más personal como Alphaville o Banda aparte  que son nuestras preferidas.

El valor de El desprecio es la reflexion sobre si es válido prostituirse profesionalmente para ganar dinero y vivir más cómodamente. El personaje de Michel Piccoli, un autor teatral con ambición, está tentado por una oferta, escribir el guión de La Odisea de Homero cambiando todo su sentido. ¿Todo vale  en cine?
Godard parece sentirse molesto con esta historia. No le agrada. Brigitte Bardot se exhibe desnuda pero sólo boca abajo enseñando sus nalgas. En su día la actriz escandalizó a medio mundo pero en la actualidad resulta inocente y digna de un colegio de monjas.
Aquí es la fiel esposa cuyo marido trata de vender al productor americano ¿todo es lícito? ¿Vale la pena vender la dignidad? El final, que  no puedo revelar, me parece artificial y torpe  como si Godard tratara de denunciar su absurda moralina propia del cine comercial.
Estamos ante una buena película pero también de una obra menor. No es lo mejor de su autor pero aún así conserva muchos atractivos que la hacen fascinante.

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El gran Señor de las Tinieblas

“DRÁCULA”, 120 AÑOS DE LA NOVELA

Utilizando la menor aspereza, bajaba rápidamente, deslizándose por la pared igual que un lagarto. ¿Que clase de criatura se esconde bajo la apariencia de este hombre? Tengo miedo, mucho miedo. No puedo huir”.
(“Drácula”, de Bram Stoker)

ESCRITO DE 2017
En el mes de mayo de 2017 se cumplieron los 120 años de la publicación por parte de la editorial británica Constable & Co. de la clásica y gran novela de horror del irlandés Bram Stoker. Nadie, ni el propio escritor, no podía imaginar el grandioso éxito del libro. Hoy “Dracula” (“Drácula”) es considerada merecidamente como una obra maestra de la narrativa fantástica y de terror y Stoker un autor reputado pese a que alguna vez reciba insultos (pretenden ser homenajes) como los de Anna Rice, autora de infumables mamotretos, p.e. “Entrevista con el vampiro” (tiene otro dedicado al personaje de “La momia”, sencillamente espantoso) y también escritora del guión de la película de igual título (Neil Jordan), igualmente impresentable.
Pero más que nada el éxito de la novela (cualidades aparte) se debe a las diversas versiones cinematográficas – más que las teatrales — las cuales han popularizado el personaje de Stoker, la figura de ficción más adaptada junto con el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle. “Drácula” es un libro difícil de pasar del papel al celuloide. Es más provechoso crear un guión original sin restar interés a partir de los puntos de partida de Stoker — viajero (al abogado Jonathan Harker) que va al castillo de un aristócrata en la lejana y misteriosa región de Transilvania (región del norte y centro occidental de la actual Rumanía) para vender unas casas en Londres a un aristócrata (el conde Drácula, en realidad un vampiro), introducción de este en la sociedad victoriana (finales del siglo XIX) — que no pretender ser fiel a ultranza al texto stokeriano. Quienes lo han hecho queriendo ser “fieles”, o bien es mejor olvidar la película, como “El conde Drácula”, de Jesús Franco, coproducción española, cinta sosa y lenta en donde incluso Christopher Lee está apagado, o bien “Drácula de Bram Stoker” (1992), un bluf de Francis Ford Coppola el cual utiliza el nombre del escritor como cebo y para dejar sentado que se trata de la versión “definitiva”, cosa absolutamente falsa. Lo de la versión “más fiel” fue utilizado por indocumentados e ignorantes totales de la literatura o el cine, ajenos totalmente al género, algunos de ellos ni tan siquiera habían leído el libro, en su estreno y también porqué Coppola es el cineasta “progre” que ha de defenderse por encima de todo (me parece muy bien y no le quito los méritos pero en otros títulos…); por el contrario es una de las versiones más infieles al texto de Stoker. No hay vergüenza en utilizar el nombre del escritor pero, claro, a Coppola todo se le permite.
Bram Stoker para su personaje del vampiro se inspiró en las leyendas propias del folklore centroeuropeo, en relatos anteriores a su generación (“El Vampiro”, de John William Polidori, “Laura y Carmilla” de Sheridan Le Fanu) y en la figura real de Vlad III, príncipe Vlad “Tepes” (= “Empalador”, en rumano) Draculea, de Valaquia (región actualmente situada en el sur de Rumanía), combatiente contra el expansionismo turco (nació en 1431), hombre cruel y sanguinario (fue preso de los turcos en su infancia) considerado héroe nacional hoy en día y su castillo objeto de visitas turísticas, gracias principalmente a la historia de Stoker y posteriores adaptaciones cinematográficas.
“Nosferatu, eine Symphonie des Grauens” (“Nosferatu”, 1922) es la primera versión (alemana, muda, por su puesto) para el celuloide a cargo de F. W. Murnau la cual guarda el mismo esquema de la novela y posteriores adaptaciones del libro: Viaje a Transilvania al castillo del conde Drácula por parte del abogado Jonathan Harker para vender unas casas en Londres (en realidad para prosperar en la búsqueda de sangre por parte del monstruo —–> introducción de “lo fantástico” (el vampiro) en lo real (Drácula se introduce en Londres) ——> Retorno al castillo: descubierto y perseguido por el Dr. Van Helsing y sus amigos Quincey Morris, Dr. John Seward, el mismo Harker y Arthur Holmwood. Allí finalmente es destruido. La única diferencia esquemática entre la novela y “Nosferatu” reside en que el vampiro no retorna a su país natal puesto que será destruido por el sol en Wisborg. Murnau ocultó la procedencia de su película cambiando los nombres de sus protagonistas (Vlad Drácula por Orlok Nosferatu, Jonathan Harker por Hutterson, Mina por Ellen) pero Florence, viuda de Stoker le llevó a los tribunales y se tuvieron que destruir todos los negativos y copias existentes. Afortunadamente se salvaron algunos. Dentro del Expresionismo Alemán, Murnau logró una auténtica pesadilla aunque deformara (genialmente) la figura del vampiro, una auténtica obra maestra (las sombras envolventes, el horror que envuelve al espantoso vampiro, etc.). El remake de 1979 a cargo de Werner Herzog, “Nosferatu, Phantom der Natch” (“Nosferatu, vampiro de la noche”) es pretencioso y, a veces, grotesco (interpretado por Klaus Kinski, el mejor actuante en la cansina y torpe “El conde Drácula” de Jesús Franco como el alienado Renfield) pero en conjunto tiene algunos detalles que superan, para mi, al vacío y farragoso “Drácula”, de Francis Ford Coppola el cual ni es la gran película pretendida ni, por supuesto, el mejor Drácula de la historia del cine sino un aséptico videoclip defendido por algunos ajenos al fantastique y otros abogados del falso romanticismo servido por un escrito facilón y acomodaticio (James V. Hart) y por un realizador (Coppola) el cual ignora que es el cine fantástico.
La versión de Tod Browning a cargo de Universal (1931), “Dracula” (“Drácula”) con el gran Bela Lugosi es una de las clásicas por antonomasia. Contiene excelentes momentos, especialmente al principio y algunos al final aunque descienda el nivel en la parte intermedia — Drácula en Londres — a causa de las condiciones que sufrió Browning (según el espléndido estudio de David. J. Skal y Elias Savada), aparte de la influencia teatral de Hamilton Deane y John Lloyd Balderston, sostenedores del guión de Garret Fort y no directamente del libro de Stoker. Puntos destacables la fotografía en blanco/negro de Karl Freund (pasado a la realización dirigirá al año siguiente “La momia”), la emblemática y (teatral, nunca en sentido despectivo) interpretación de Bela Lugosi (colosal actor teatral) el cual consigue el vampiro más elegante de la historia (además de sus gestos, miradas, insinuaciones que remiten inexcusablemente a su origen aristocrático) hacen de la película un ensamblaje de misteriosa seducción. La versión de habla hispana — aún no se había inventado el doblaje — rodada por George Melford e interpretada por Carlos Villarías (muy acertadamente aunque no fuera Lugosi) es más larga y explícita que su homónima americana. La descubrí en un pase en el Festival de Sitges (1991) y, a pesar de sus limitaciones, fue una agradable sorpresa (aunque Melford tampoco sea Browning).
Pasando por trabajos de Lambert Hillyer (“La hija de Drácula”, 1936) y Robert Siodmak, excelente tejedor de cine negro, más que fantástico (“El hijo de Drácula”, 1943), guiones ajenos al libro es justo recordar los dos films de Erle C. Kenton, “House of Frankenstein” (“La zíngara y los monstruos”) y “House of Dracula” (“La mansión de Drácula”), en 1944 y 1945, respectivamente, en donde John Carradine da una interpretación interesante (nos recuerda a “Mandrake el mago”) aunque se trate de mezcla de personajes terroríficos y estemos en época de decadencia: el hombre-lobo, Drácula, el monstruo de Frankenstein, algún doctor loco y un jorobado (substituido por una bondadosa jorobada en la segunda), los dos últimos escapados de la cárcel.
Llegamos a 1958 en el recién comenzado reinado de terror a cargo de la británica Hammer Films cuando Terence Fisher da la que para muchos (entre los que está un servidor) es la mejor adaptación de la novela de Stoker, “Horror of Dracula” (“Drácula”) dándose a conocer en popularidad a partir del género dos actores: Peter Cushing como el mejor Dr. Van Helsing cinematográfico (también será el mejor Dr. Frankenstein) y Christopher Lee, el más grande conde Drácula junto con Bela Lugosi. Ya hemos comentado algunas veces el éxito artístico de Fisher, la dedicación absoluta a su trabajo que se tomaba en serio y sin dejarse influenciar por las antiguas versiones de Universal que no había visto (lo hizo después). Innovación absoluta en el género: el espléndido color, el erotismo (aumentado por otros realizadores que vendrán a continuación), el retorno a las fuentes, las escasas veces que aparece el personaje del vampiro, con la puesta en escena casi tridimensional, sugiriendo terrores en recovecos y espacios oscuros, los personajes totalmente en función de la trama (magnífico guión de Jimmy Sangster), más importancia dada al perseguidor Van Helsing que al propio Drácula, el ritmo imponente que nunca decae (algo que falta en la versión de Browning) y la personal interpretación de Lee, animalesca y de acuerdo con su concepción del personaje. Interpreta a Drácula como motor/representante de algo maléfico (el propio diablo) mientras Lugosi prácticamente era el mismo demonio.
Dejamos de lado las dos restantes formidables aportaciones de Fisher al tema (no basados en el libro), “Las novias de Drácula” (1960) y “Drácula, príncipe de las tinieblas” (1965) y el resto de la serie de Hammer reemprendida por los Freddie Francis, Peters Sasdy, Roy Ward Baker y Alan Gibson, con alguna que otra aportación pero sin llegar a los resultados de Fisher.
Es necesario aclarar que el convertir al vampiro en un “romántico enamorado” es algo totalmente ajeno a Stoker y a la leyenda (es lo más infiel del vampiro de Coppola). Esto se había intentado ya como experimento. El primero fue William Crain en su infumable “Blácula” (“Drácula negro”, 1972) y luego Jacinto Molina/Paul Naschy en “El gran amor del conde Drácula”, de Javier Aguirre (1973), quizás el mejor film sobre el personaje en España para terminar con la versión televisiva de Dan Curtis con Jack Palance, “Drácula” (1974), con guión de Richard Matheson en donde la muchacha que desea sorber su sangre es el vivo retrato de su novia cuando era humano, unos 600 años atrás (incidiendo en bastantes versiones de “La momia”). Ni en esto es original la sobrealabada película de Coppola. En la excelente versión de John Badham (1978), “Drácula” con Frank Langella (Drácula) y Lawrence Olivier (Dr. Van Helsing) esquiva el ridículo mencionado de la cinta coppoliana: el vampiro se siente fuertemente atraído por su víctima pero nunca pierde su condición satánica (magistral ambientación aunque elude la primera parte del castillo, iniciándose con la llegada de Drácula a las costas británicas) sin convertirse en títere, ni en muñeco lloriqueante de la mujer que desea poseer/compartir su sangre/hacerla lo que es él.
Volviendo a la “fidelidad” esgrimida por quienes quieren defender un producto “políticamente correcto” puedo decir que hay una serie de TV (1977), de Philip Saville con Louis Jourdan y Frank Finley, “Count Dracula” (guión de Gerald Savory cuya adaptación novelada cayó en mis manos a finales de los 70), que es muy “fiel a la letra” y muy cercano “al espíritu”, cosas totalmente alejadas en la película de Coppola. Aparte de algunas reducciones forzosas lo único diferente de la novela es el retrato de Louis Jourdan con aspecto de joven — también son diferentes Lugosi y Lee — mientras en el texto de Stoker se presenta como un anciano de más de 70 años el cual oscurece sus canas y bigote blanco cuando tiene sangre abundante (en Londres).
Si Coppola copia planos de Federico Fellini, del cine japonés, además de alguna escena de algún film de Hammer (precisamente una de las menos destacables: “El poder de la sangre de Drácula”, de Peter Sasdy) y nos presenta una vestimenta que intenta impresionar (basado en el pintor Gustav Klimt), apartándose del traje negro (¿donde está la “fidelidad”?) propio de la novela en donde, al menos, en dos ocasiones lleva capa totalmente negra (el cine en color aportará el envés rojo a partir de “Drácula, príncipe de las tinieblas”) y finalmente cae en la grandilocuencia y en la grosería con una interpretación inadecuada y, a ratos, ridícula de Gary Oldman a la cual se suma la de Anthony Hopkins a la misma altura (su personaje de Van Helsing es como un histérico general Custer exterminando indios). Se da a la película una falsa áurea romántica (Stoker no escribió una novela romántica sino una historia gótica, (“Ghotic novel”), una sinfonía de horrores en donde hay varios elementos románticos. Un comentarista dijo que más cercano a Novalis o Schumann el film de Coppola está más cerca de Richard Cleyderman (o de Luis Cobos, diría yo), un romanticismo (gran movimiento artístico-cultural cuyo nombre se usa y abusa en demasía sin entender que era y que significó) como ambientado en la semana de rebajas del Corte Inglés.
Mejor no hablar de las últimas aportaciones las cuales demuestran la involución del cine fantástico y mucha parte del cine en general.
Un siglo y 20 años de la novela, unos hombres como Murnau, Browning, Fisher o Badham que han dignificado al personaje, otros que lo han denigrado (Jesús Franco, Dario Argento) y otros equivocados (Coppola) pero el personaje está vivo y vivirá…

Narcís Ribot i Trafí

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Cine e Historia 19: Malinche

UNA SERIE SOBRE DOÑA MARIANA

Vendida como esclava a los mexicas con tan solo 10 años, Malinche fue una joven de origen popoluca que llegó a manos de Tabscoob, el gran señor de Potonchán (ciudad maya-chontal capital del señorío de Tabasco), para ser entregada tiempo después al conquistador Hernán Cortés, junto con otras diecinueve esclavas, como tributo de la batalla perdida de Centla.
A cambio de su libertad, Malinche negocia con Cortés traducir del náhuatl al maya y, junto con Jerónimo de Aguilar, se convierte en intérprete y pieza fundamental en el avance español hacia la capital y la consiguiente caída del imperio mexica.

La serie histórica Malinche es una coproducción entre Bravo Films y Canal Once, dirigida por Patricia Arriaga (Juana Inés), quien explicó que presentarán una mirada distinta de la mujer que poco se sabe y que fue pieza fundamental en la historia de México. La Malinche fue una mujer nahuatl oriunda del actual estado mexicano de Veracruz que jugó un papel importante en la conquista española del imperio mexica. La Malinche sirvió de intérprete, consejera e intermediaria de Hernán Cortés. En 1519, fue una de las veinte mujeres esclavas dadas como tributo a los españoles por los indígenas de Tabasco, tras la batalla de Centla. Más adelante se convirtió en concubina de Cortés y dio a luz a su primer hijo, Martín, quien es considerado uno de los primeros mestizos surgidos de la conquista de México.
Narrada en lenguas originarias como el totonaco, popoluca, maya y náhuatl, Malinche es la nueva serie de Canal Once protagonizada por la actriz indígena guatemalteca María Mercedes Coroy. La trama fue filmada en Hidalgo, Veracruz, Estado de México y la Ciudad de México. También forman parte del elenco Luis Arrieta, Clemente Beltrán, Ángeles Cruz y José María de Tavira.
Así, Coroy se preparó para recrear a la Malinche: “Investigué un poco por internet la historia de este personaje, pero también Patricia Arriaga me fue narrando todo el tiempo quién fue y lo que realizaba, por lo que en el trascurso de la grabación fue creciendo el personaje, porque lo fui conociéndolo más”.
–¿Qué opina de este personaje histórico? Muchos la señalan como traicionera y otros como víctima.
Desde mi punto de vista la Malinche no es traicionera, porque había decenas de señoríos. No existía México, ni Guatemala, ni El Salvador, ni Honduras, como para saber quién traicionó a quién. Ella sólo vio la manera de sobrevivir en las circunstancias en que se hallaba, además luchó por salvarse y a los suyos de los mexicas, que era el imperio que pedía tributos como sacrificios.
Su vida fue muy dura por las circunstancias que pasó, y creo que estos cinco episodios no abordan todo, así que esperamos que haya la oportunidad para realizar la segunda parte”.
–Para usted, ¿fue complicado crear a la Malinche en ficción?
Para mí lo complicado fueron estos idiomas natales de México, que no los conocía y tuve que recibir cursos para comprenderlos, como el maya yucateco, el popoluca, aparte de hablar el español de esa época.
Recalca que “es un honor interpretar a la Malinche, porque no sólo es importante en México sino en toda Latinoamérica. Este personaje me retó y me incitó a vencer miedos que tenía”.
Columba Vertiz de la Fuente es la  periodista autora de la presente entrevista publicada en Proceso.com.mx

 

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Bohemian Rhapsody (2018)

LA VIDA DE FREDDY MERCURY

BOHEMIAN RHAPSODY. Título original: Bohemian Rhapsody. Año: 2018. País: Reino Unido. Dirección: Bryan Singer y Dexter Fletcher. Reparto: Rami Malek (Freddie Mercury), Lucy Boynton (Mary Austin), Gwilym Lee (Brian May), Ben Hardy (Roger Taylor), Joseph Mazzello (John Deacon), Aidan Gillen (John Reid, Allen Leech (Paul Prenter), Tom Hollander (Jim Beach), Mike Myers (Ray Foster), Aaron McCusker (Jim Hutton). Guion: Anthony McCarten (Historia: Anthony McCarten, Peter Morgan). Música: John Ottman. Fotografía: Newton Thomas Sigel. Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; GK Films / New Regency Pictures / Queen Films Ltd. / Tribeca Productions / Regency Enterprises. Distribuida por 20th Century Fox. Duración: 134 minutos.

No soy aficionado al rock ni a cierta música moderna por lo que mis conocimientos sobre Queen y su líder Freddy Mercury son prácticamente nulos. El presente film es pues mi primera aproximación a dicha temática.
Firmada por Bryan Singer y Dexter Fletcher, el primero fue despedido por sus repetidas ausencias en el rodaje,  y el segundo había intentado anteriormente levantar el proyecto sin éxito por  lo que le vino su oportunidad por pura carambola.
Singer había dirigido años atrás Superman Returns: El regreso (2006) con Brandon Routh que fracasó en taquilla aunque no carece de valores para ser tenido en cuenta. Dentro de la profesión es un personaje con mucha mala fama por  lo que no me  explico su contratación para este proyecto.
En fin, el rodaje fue caótico, Singer como mal profesional retrasaba el proyecto por lo que fue despedido y sustituido por Dexter Fletcher que por su cuenta ya había intentado levantar este exitoso proyecto.

A pesar de ser un profano en la materia la película, gran éxito de taquilla, me ha interesado mucho. Freddy Mercury es un icono de la música  moderna, considerado uno de los mejores cantantes del siglo XX, que se vio perjudicado por su desenfreno y el SIDA que le dio la muerte.
La biografía es muy convencional. Unos padres que no lo entienden, marginación por su procedenia pakistaní, incomprendión de los editores que no quieren arriesgarse con proyectos innovadores cuyos resultados son inciertos.
La participación de la banda Queen en el Live Aid (en español, Ayuda en vivo) es el colofóm de este film sorpresa que te da más de  lo que esperas.
A pesar de mostrar las fiestas salvajes, pero menos, de Mercury su imagen es muy blanqueada y aceptada por el gran público. Lo más acertado es la  actuación de Rami Malek a quien conocemos por su trabajo en la serie Noche en el museo como el faraon Ahkmenrah.
No  estamos ante una obra maestra pero sí ante un título que cae bien a todo el mundo. Consiguió que yo me  interesara por Queen y por Freddy Mercury. Desgracidamente no mencionan su Barcelona con la gran Montserrat Caballé,  una de sus mejores obras.

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