LA MUERTE DEL OESTE

LA BALADA DE CABLE HOGUE. Título original: The Ballad of Cable Hogue. Año: 1970. País: Estados Unidos. Dirección y Producción: Sam Peckinpah. Reparto: Jason Robards (Cable Hogue), Stella Stevens (Hildy), David Warner (Joshua el predicador), Strother Martin (Bowen), Slim Pickens (Ben Fairchild), L.Q. Jones (Taggart), Peter Whitney (Cushing), R.G. Armstrong (Quittner), Gene Evans (Clete), William Mims (Jensen), Kathleen Freeman (Mrs. Jensen). Guion: John Crawford, Edmund Penney. Música: Jerry Goldsmith. Fotografía: Lucien Ballard. Warner Bros. Duración: 121 minutos.

Sam Peckinpah (Fresno, California; 21 de febrero de 1925 – Inglewood, California; 28 de diciembre de 1984) fue un rebelde en la industria de Hollywood. Le vi personalmente en un Imagfic el año 1982 cuando me crucé en los pasillos del cine que pasaba las películas concursantes del mismo. Fue autor de Duelo en la alta sierra (1962), Mayor Dundee (1964), Grupo salvaje (1969), Perros de paja (1971), Junior Bonner (1972), La huida (1972), Pat Garret y Billy the Kid (1973), Quiero la cabeza de Alfredo García (1974) ente otras. Se le tildó de ser un cineasta excesivamente violento pero yo no lo veo así. Para mí es uno de los más grandes poetas del cine del Oeste junto a John Ford.
Jason Nelson Robards Jr. (Chicago, Illinois; 26 de julio de 1922-Bridgeport, Connecticut; 26 de diciembre de 2000) fue un actor de cine y de teatro, ganador de los premios Óscar, Emmy y Tony. Más conocido como Jason Robards. Fue un estupendo Al Capone en la película de Roger Corman, La masacre del Día de San Valentín (1967), el pistolero Doc Holliday en La hora de las pistolas (1967), de John Sturges, con James Garner; la comedia romántica El novio de mi mujer (1967), de Bud Yorkin, con Jean Simmons, Dick van Dyke y Debbie Reynolds; Isadora (1968), de Karel Reisz, junto con Vanessa Redgrave; y el western de Sergio Leone Hasta que llegó su hora en 1968, compartiendo cartel con Henry Fonda, Claudia Cardinale y Charles Bronson.
De Stella Stevens ya hablamos en El testamento de Craig, a ese escrito nos remitimos.

Para mi gusto La balada de Cable Hogue es uno de los mejores westerns de la historia a pesar de que no haya pieles rojas ni pistoleros y el protagonista no es hermoso. Cable Hogue no es un héroe, es un perdedor. Un hombre solitario y sucio abandonado en una zona desértica pero encuentra una fuente de agua que le hace rico.
Ese vagabundo se enamora de Hildy, una prostituta que sueña con casarse con un hombre rico en San Francisco. Hay un tercero. Joshua, un extraño predicador líder de una iglesia de la que es único parroquiano.
Estas tres personas no viven grandes aventuras, sobreviven en un desierto. En una fuente de agua que sirve de alivio a los viajeros de una diligencia. Pero esta forma de vida está llegando a su fin. Aparecen los automóviles, las motocicletas y esta vida ha quedado obsoleta.
Peckinpah nos habla de un pasado que se muere, que no tiene cabida en la nueva sociedad de la Revolución industrial. Cable Hogue es el último pionero del Oeste que está muriéndose. La mirada del director es nostálgica y triste. Ese mundo salvaje tiene su romanticismo que se pierde con el progreso de la civilización.
Diálogos bellísimos y escenas sublimes como esa secuencia de Hildy corriendo desnuda por el desierto. La película ataca la hipocresía moral del pueblo donde expulsan a Hildy por prostituta. Ese predicador que seduce a las jovencitas.
Además hay secuencias cómicas como ese caos en que cae la tienda de campaña de una comunidad religiosa o ese indígena que aparece en los dólares americanos sonriendo malevolamente.
La balada de Cable Hogue es una película única de un gran director, Sam Peckinpah, y de un perfecto trío protagonista que rodaron lo mejor de sus respectivas carreras.


