Dos libros sobre John Ford

NOVEDAD LITERARIA:
“JOHN FORD” DE PETER BOGDANOVICH (EDICIÓN REVISADA Y AMPLIADA)

“Me llamo John Ford y hago películas del Oeste”

Cuando John Ford (1894- 1973) estaba en los sindicatos del cine, tenía un cargo y, ya, cierto prestigio artístico pronunció esta frase al abrir la defensa de Joseph Leo Mankiewicz ante las acusaciones de Cecil B. DeMille y seguidores en tiempos del tristemente célebre senador Joseph McCarthy y su Comité de Actividades Antiamericanas (denominada también “la caza de brujas”). La cuestión es que Ford logró su objetivo y salvó la carrera del realizador polaco. Alabó el cine de DeMille pero le dijo que él y su forma de actuar no le gustaban nada.
UNO- La manera de ser de Ford, sus costumbres, su consagración como uno de los más grandes directores de cine de todos los tiempos (para algunos, entre los que está un servidor, el mejor) se descubrió en España con el libro “John Ford”, de Peter Bogdanovich, aparecido en Londres originalmente (1ª edición, 1967) para luego publicarse en USA. En España se presentó gracias a Editorial Fundamentos (1ª. edición en 1971, 2ª. edición en 1983 para luego publicarse en dos ocasiones más).
El director y productor de cine además de historiador y crítico Peter Bogdanovich, admirador de John Ford, consiguió entrevistarle durante el rodaje de “Cheyenne Autumn” (“El gran combate”, 1964) cara a la elaboración de un libro aunque en principio se publicó en la revista “Esquire”. Recogido este material, corregido y reelaborado apareció en la primera parte del futuro libro con el título, precisamente, de “Me llamo John Ford y hago películas del Oeste”. Tarea ardua y meritoria la de Bogdanovich dada la reticencia de Ford a conceder entrevistas y hablar de su cine (en muchas ocasiones no recuerda o al menos dice no recordar como hizo esto o aquello) siendo características la ambigüedad de sus respuestas junto con un tono irónico. Bogdanovich también entrevista a personajes de su equipo. Si analizamos la frase vemos que su verdadero nombre no era John Ford, solo un seudónimo (fue bautizado como Sean Aloysius O’Fienne, O´Feama u O’Feeney en 1894 aunque él a veces decía en 1895 y que su nombre de pila era John Martin), ni tampoco su filmografía está compuesta solamente por “películas del oeste” (recordemos “El hombre tranquilo”, “Que verde era mi valle”, “Las uvas de las ira”, “El delator”, “7 mujeres”, “La taberna del irlandés”, etc.).
En la segunda parte, titulada “Poeta y comediante”, el escritor y el realizador mezclan comentarios y opiniones. El tercer capítulo es el más largo e importante, “Un trabajo que hacer”, con unas 62 páginas — la ingente entrevista se realizó dos años después, en 1966 — en base: a) nacimiento, juventud, familia, estudios de Ford y 2) incursiones y circulación en la mayor parte de su filmografía. Aquí vemos su humildad al hablar de sus películas y la poca importancia que les daba y sus contestaciones secas y cortantes y sin explicaciones de grandes alardes técnicos, con anécdotas de rodaje, introduce una pedagogía fílmica de gran enjundia y pocas veces escuchada.
Cierra el volumen “La carrera de Ford”. Filmografía y bibliografía escogida además de tres páginas con fotografías bastante inéditas por aquel entonces (poseo la 2ª edición, 1983).
Como dice Mr. Kaplan en un recomendable escrito sobre el volumen: “No es un libro amplio, no contiene sesudos análisis de sus películas, las reflexiones son escasas…la filmografía y breve sinopsis de cada una, hoy ya superadas por otras publicaciones más ambiciosas y el suplemento fotográfico que incluye al final es del mismo papel que el resto del libro y es más bien pobre aunque la selección de imágenes son irreprochables. Sin embargo es un libro mítico, legendario … divertido, ameno, apabullante...” (recordemos que se trata de un libro de bolsillo, de precio no muy elevado y asequible a muchos bolsillos y con referencia a “la amplitud y reflexiones” ya vendrán las obras de Tag Gallagher o Quim Casas entre otros, 1).
DOS- HATARI BOOKS, adoptando el título de la popular película africana de Howard Hawks, es la nueva editorial fundada principalmente por Eduardo Torres-Dulce y José Luis Garci. Dos eminentes fordianos. El primer libro editado (2) es precisamente el de Peter Bogdanovich, en una edición revisada y ampliada, presentado en la pasada feria del libro de Madrid. Ahora se trata de un volumen de lujo, encuadernado en tela y profusamente ilustrado — traducción de Fernando Santos Fontela para las ediciones originales de Fundamentos y Andrés Moret Urdampilleta para Hatari Books — con magníficas fotos.
Para esta edición Peter Bogdanovich escribe unas líneas introductorias (16-10-2017), contento con el proyecto de Hatari al igual que los familiares de Ford. Se conserva el antiguo esquema de la obra: 1) My name’s John Ford. I make Westerns” (ahora título original en ingles para este capítulo), 2, “Poeta y comediante”, 3) “Un oficio nada más” (mismo que “Un trabajo que hacer” en Fundamentos pero cambiando el título), también está, por supuesto, la filmografía ahora ampliada y completa (capítulo 5), la bibliografía con muchos más título registrados, claro, las películas citadas y los créditos fotográficos. Los episodios añadidos son una post introducción titulada “Encuentro en Monument Valley” y “Toque de silencio” como capítulo 4, ambos no incluidos en las ediciones españolas anteriores. En “Encuentro en Monument Valley” el autor narra más anécdotas, el encuentro con Ford en el rodaje de “El gran combate” (1964) y como simpatizaron ambos hombres mientras ”Toque de silencio”, también de carácter evocador, rememora los últimos días de John Ford, su última conversación con su amigo Howard Hawks y las vivencias y conversaciones de Bogdanovich con el maestro … Libro altamente recomendable …

Narcís Ribot i Trafí

1)- Libros citados sobre John Ford. El 3/10/2013 publiqué en estas páginas una bibliografía, especialmente en castellano, sobre John Ford. Repito los libros citados en el presente escrito sobre la obra de Peter Bogdanovich:
–“John Ford, el arte y la leyenda”, de Quim Casas (“Colección Dirigido por…), Barcelona (1989) –”John Ford, the Man and his Films”, de Ted Gallagher (University California Press, 1986).
Edición española: “John Ford, el hombre y su cine” (Akal S.A.), Madrid (2009)
2)- El segundo libro publicado por Hatari Books es “Recordando al Sr. Maugham”, de Garson Kanin. William Somerset Maugham fue uno de los escritores más famosos en lengua inglesa y uno de los más adaptados en cine y TV.

“EL UNIVERSO DE JOHN FORD”, NOVEDAD LITERARIA

-Es probablemente el director de cine más prestigioso y para muchos el mejor de todo la Historia del Cine. John Ford supo crear un universo propio en el que valores como la camaradería, el honor, el sacrificio y el valor toman un renovado significado al ser observados por su prisma, eminentemente cinematográfico, de pionero. . Es un mundo de diligencias, legiones invencibles, caravanas de paz y sargentos negros. Pero también de hombres tranquilos, delatores y valles irlandeses. El cine de Ford es el cine de las relaciones humanas. Veintinueve prestigiosos críticos analizan en “El universo de John Ford” todos sus films, sus colaboradores, sus obsesiones, sus filias, sus fobias- (“El Universo de John Ford”, libro recién aparecido, contraportada)-

Al finalizar el año 2017 una gran noticia, hecha después realidad, se ha producido para los aficionados al cine en general, a los seguidores de este director y a quienes se interesan por el lenguaje cinematográfico en función de su significado (y disfrute): la aparición de un nuevo libro sobre John Ford. Hace años publiqué una filmografía, generalmente de los volúmenes en lengua castellana (algunos eran traducciones). Ahora podemos decir que es extensa y completa porqué “El Universo de John Ford”, libro coral redactado por 29 críticos — algunos eminentes fordianos como Miguel Marías, Eduardo Torres- Dulce Lifante, Víctor Arribas, Quim Casas, etc. y otros menos conocidos pero no por ello menos destacables en sus correspondientes apartados y alguno que, conociendo sus escritos y su trayectoria, no se que pinta aquí pues parece que lo suyo es otro tipo de cine pero da igual puesto que el resultado global es magnífico — son 526 páginas editadas en papel couché con gran profusión de espléndidas fotografías, algunas inéditas. Estamos, pues, ante una auténtica enciclopedia de todo “el universo” de John Ford más que una biografía con estudio de su vida y obra al uso.
El intenso trabajo de investigación y estudio ha permitido analizar película por película, cosa jamás hecha por falta de datos y difícil localización de varias de sus primeros films. En forma breve pero precisa desde “Straigh Shooting” (1917), su primera película de larga duración hasta “Hoodman Blind” (“Almas averiadas”, 1923), para entrar, de forma más extensa, a obras más conocidas, aún del cine mudo, como “The Iron Horse” (“El caballo de hierro”, 1924) perfectamente reseñado en todas sus facetas por Israel Paredes Badía. Entramos en el cine sonoro y llegamos al final con “7 Women” (“7 mujeres”, 1966) — magnífica reseña, otra vez, de Miguel Marías — pero no acaba aquí. Hay un apartado dedicado a la poca televisión realizada por Ford y un completo diccionario de actores (John Wayne, Henry Fonda, James Steward, etc.), actrices (Maureen O’Hara, Katharine Hepburn, Vera Miles, etc.) técnicos (desde los guionistas hasta los fotógrafos), lugares comunes en donde gustaba filmar (Monument Valley, p. e.), la compañía fundada por Merian C. Cooper y por él (Argosy Pictures), los westerns, los no westerns, las compañías cinematográficas con las cuales trabajó, como director no acreditado (el par de tomas de “Hondo”, un western de John Farrow, las secuencias de acción de “Las aventuras de Marco Polo”, de Archie Mayo, las diversas escenas de “El Álamo” de un John Wayne pasado a la dirección), la figura real de Abraham Lincoln a quien Ford admiraba mucho, incluso el catolicismo de Ford y los documentales bélicos (recibió dos Oscar de los seis que obtuvo por sendos trabajos aunque él jamás dio ninguna importancia a estos premios) filmados siempre casi desde primera línea arriesgando su vida y perdiendo su ojo izquierdo… En un todo destacable recuerdo el excelente y profundo análisis de Quim Casas (autor del mejor estudio sobre Ford en forma de libro) para “Three Godfathers” (“Tres padrinos”, 1948), y “Wagon Master” (“Caravana de paz”, 1950), también el de Victor Arribas (escribió un exhaustiva obra, dividida en dos tomos sobre el “Cine Negro”) de “My Darling Clementine” (“Pasión de los fuertes”, 1946) así como los varios realizados por Miguel Marías autor de incisivos artículos sobre Ford. Por su parte José Luis Sánchez Noriega (autor de otro interesante libro sobre “El Cine Negro”) tiene en su haber “La diligencia” y “El Fugitivo” y Eduardo Torres- Dulce (escribió el libro más profundo y documentado sobre la “Trilogía de la Caballería”: “Jinetes en el cielo”) reflexiona sobre “El sargento negro”. Los menos conocidos por mí, como decía, rayan a gran altura entre las películas más significativas de Ford: Moisés Rodríguez (“El hombre que mató a Liberty Valance”), Espiro Freire (“Centauros del desierto”), Enrique Bolado (“El joven Lincoln”) y Alicia Mariño Espuelas (“El hombre tranquilo”).
Se ha seguido el esquema de otro libro de la editorial publicado hace poco: “Fritz Lang Universum” y otros que desconozco: 1) No hay presentación ni análisis del realizador, solo el comentario de la contraportada, 2) se disecciona película a película y allí se va desarrollando el estudio sobre sus obras por los especialistas, son obras corales y 3) el mundo propio del realizador (actores, actrices, técnicos, productores, compañías con los cuales más trabajó). Aunque encuentre a faltar lo del punto primero, sin lugar a dudas es un gran acierto…

“EL UNIVERSO DE JOHN FORD”
Autores : varios
Notorius Ediciones, S. L. (Madrid, 2017)
P.V.P.: 44,95€

Narcís Ribot i Trafí

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Vicios privados, públicas virtudes (1976)

LAS ORGÍAS DE  LOS RICOS

VICIOS PRIVADOS, PÚBLICAS VIRTUDES. Título original: Vizi privati, pubbliche virtù. Año: 1976. País: Italia. Dirección: Miklós Jancsó. Reparto: Lajos Balázsovits, Pamela Villoresi, Franco Branciaroli, Teresa Ann Savoy, Laura Betti, Ivica Pajer. Guion: Giovanna Gagliardo (Historia: Miklós Jancsó, Giovanna Gagliardo). Música: Francesco De Masi. Fotografía: Tomislav Pinter. Coproducción Italia-Yugoslavia; Filmes Cinematografica / Jadran Film Duración: 104 minutos.

Recreación libre de los últimos días de la vida de Rodolfo de Habsburgo, heredero del trono austro-húngaro, centrada en su vida sexual. En contra de la voluntad de su padre, el emperador Francisco José, sus días transcurren en el libertinaje, en una permanente fiesta donde abundan los escándalos y las orgías; además, mantiene un largo amorío con una mujer de la nobleza rural húngara, muy inferior en clase a la suya, María Vetsera, junto con quien muriera 1889.

En los años setenta las cintas eróticas se pusieron de moda y rara era la semana en que no se estrenara una cinta mostrando cuerpos desnudos de bellos jóvenes de ambos sexos.  Las pantallas reflejaban ansias como la liberación sexual que en tiempos anteriores estaba siendo ninguneada o perseguida. Esta cinta de Miklós Jancsó (Vác, Pest, 27 de septiembre de 1921 − Budapest, 31 de enero de 2014) fue de las  más exitosas por la belleza de sus imágenes.
Jancsó fue un cineasta húngaro muy crítico con su tiempo. Hungría estaba gobernada por un régimen comunista,  mitificado en la Europa del Oeste pero con gran resistencia en sus países de origen en los que tenían otra percepción del sistema.
Vicios privados, públicas virtudes no es una película húngara sino italiana, con guión de Giovanna Gagliardo, su esposa en la época, producida por una productora privada y dirigida a su explotación comercial. Es  decir, a conquistar la taquilla. No se trata de la típica película de cine-club por las que Jancsó se había movido hasta entonces.
Sino que iba a poder acceder al  gran público internacional que quedó fascinado por sus coreografías y sus bellas  imágenes.

Así, la película durante una hora es una auténtica borrachera de imágenes. Un espectáculo bello que en la actualidad no se estila.  Un film agradable a la vista con largos planos secuencia al estilo inconfundible  de Jancsó.
Los últimos veinte minutos, una vez acabada la fiesta son muy inferiores. Visto en el  mundo actual este film puede chocar pero en aquel tiempo las revueltas eran corrientes. Mayo del 68 había transcurrido 8 años antes  de ese rodaje. Una revuelta organizada por los hijos de los burgueses,  la futura clase dominante.
En Vicios privados, públias virtudes nos encontramos con una revuelta en forma de  orgía en la que participan los hijos de los nobles de Austria, gente que en su vida han sufrido exclusión y que ignoran lo que es ganarse el pan con el sudor de su frente. Gente que de ningún modo son la solución sino parte del problema.
Si ideológicamente es contestable, su imaginaría está fuera  de toda discusión. Un tipo de cine vital que ensalza los sentidos y cuyo atractivo no ha menguado pese al paso de los años.

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Alphaville (Lemmy contra Alphaville)

UNA EXTRAÑA AVENTURA
DE LEMMY CAUTION

ALPHAVILLE (LEMMY CONTRA ALPHAVILLE). Título original: Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution. Año: 1965. País: Francia. Dirección: Jean-Luc Godard. Reparto: Eddie Constantine (Lemmy Caution), Anna Karina (Natacha Von Braun), Akim Tamiroff (Henri Dickson), Howard Vernon (Pr Leonard von Braun/Nosferatu), Valérie Boisgel, Jean-Louis Comolli, Michel Delahaye, László Szabó (el científico), Jean-Pierre Léaud (sirviente del hotel), Christa Lang (primera seductora tercera clase). Guión: Jean-Luc Godard. Música: Paul Misraki. Fotografía: Raoul Coutard (B&W). Coproducción Francia-Italia; Athos Films / Chaumiane / Filmstudio. Duración: 99 minutos.

 

Lemmy Caution, detective creado por Peter Cheyney, fue una figura archipopular en los años cincuenta gracias al peculiar rostro de su intérprete Eddie Constantine (nacido como Israël Constantine; 29 de octubre de 1913 – 25 de febrero de 1993), aunque su primera aparición fue la de John Van Dreelen en Brelan d’As (1952) de Henri Verneuil. Pero tal vez la cara marcada de Constantine, su sonrisa dentrífica y su agilidad adquirida en su anterior carrera de cantante y bailarín, así como su corpulencia, lo que motivó el auténtico éxito de este agente del F.B.I. a pesar de que sus films sean todos europeos.
En Cita con la muerte (La môme vert-de-gris, 1952) de Bernard Borderie, Lemmy Caution arrolló al público con su chulería, su cinismo y la contundencia de sus puños, por eso la serie fue continuando con gran éxito popular, aunque en la actualidad está ya olvidado por las nuevas generaciones cinéfilas: Les femmes s’en balancent (1954) de Bernard Borderie; Votre dévoué Blake (1954) de Jean Laviron; ¡La que se va a armar! (Ça va barder!, 1955) de John Berry; Deuda saldada (L’homme et l’enfant, 1957) de Raoul André, donde Eddie Constantine cantaba una bella melodía llamada El hombre y el niño, y Lemmy y las espías (Lemmy pour les dames, 1961) de Bernard Borderie.
Jean-Luc Godard quiso darle la vuelta al personaje con su Lemmy contra Alphaville (Alphaville, 1965), uno de los films más delirantes de su autor donde el agente Lemmy (de nuevo Eddie Constantine en lo mejor de su forma) se enfrenta a unos villanos que viven en ciudades con luces de neón, donde los ciudadanos padecen un orden donde los sentimientos son ilógicos. Aunque este film no alegró las pajaritas a los fans de la serie, que en aquellos años estaba siendo desplazada por las lujosas aventuras de James Bond, se ha convertido en un clásico para todos los cinéfilos y actualmente éste es el único título que se recuerda de un agente del F.B.I. que años atrás no sólo machacó a sus enemigos a puñetazo limpio, sino también las taquillas europeas sin perder nunca su eterna sonrisa.
Godard y Constantine repitieron personaje en Alemania año 90 nueve cero (1991) sin ninguna repercusión. Aparte Constantine tuvo una pequeña aparición en Panische Zeiten (1980) de Peter Fratzscher y Udo Lindenberg, dos episodios de la serie Kottan ermittelt (1983), Tiger – Frühling in Wien (1984) de Peter Patzak, Makaroni Blues (1986) de Bela Csepcsanyi y Fred Sassebo, protagoniza el telefilme Le retour de Lemmy Caution (1989) de Josée Dayam y el ya mentado film de Godard que cierra esta filmografía sobre este en otro tiempo famoso agente del FBI.

Alphaville (Lemmy contra Alphaville) es una distopia o una antiutopía muy cara al cine de ciencia ficción así como a la literatura del género. Se muestra una sociedad futura que es negativa y extraña en donde todo funciona mal. Pero Godard muestra diversas lugares de París, una ciudad dominada por la informática y la falsa lógica.
Un falso periodista que hace fotos con una cámara de poca calidad llega a Alphaville y se aloja en un hotel siendo atendido por una seductora que se baña delante de él. Las escenas de peleas que en la filmografía de Eddie Constantine son espectaculares aquí son deliberadamente burdas. Es una autoparodia evidente. Es como si Godard se mofara de  los tópicos y artificios del género policiaco.
Hacía tres años del triunfo de Agente 007 contra el Dr. No (1962), el primer Bond oficial, que disparó la moda del cine de agentes y supuso la decadencia de Lemmy Caution y sus aventuras en blanco y negro que se veían pobres en comparación. Las pantallas se habían saturado de agentes secretos de toda índole con argumentos crónicos y repetitivos.
Godard utiliza la estetica propia de la Nouvelle Vague, fotografía ultra contrastada en blanco y negro, la aparición de su musa Anna Karina,  imágenes delirantes como esa ejecución en la piscina de los disidentes que no actúan según lo establecido.
Actualmente declarada film de culto, nos encontramos con una obra singular. Un film muy dificil de etiquetar pero que destaca por su imaginación y su fuerza expresiva. Godard intento rehacer el cine, reescribir los  códigos narrativos, pero su tarea era demasiado altruista. Si Truffaut y Chabrol triunfaron, Godard se convirtió en un cineasta  marginal y extraño. Lo  mejor fue su primera  época después, tras el Mayo de 1968, perdió los papeles y dejó de interesar.
Aquí tenemos una muestra del mejor Godard en donde brilló a gran altura.

Imagen de Alemania año 90 nueve cero (Allemagne 90 neuf zéro, 1991) de Jean-Luc Godard,  reencuentro de Lemmy Caution con Eddie Constantine. Un título rodado para televisión sobre el tema de la soledad. En la foto con Claudia Michelsen.

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La leyenda de la Ciudad sin Nombre

EN BUSCA DE FORTUNA

LA LEYENDA DE LA CIUDAD SIN NOMBRE. Título original (Paint Your Wagon. Año: 1969. País: Estados Unidos. Director: Joshua Logan. Reparto: Lee Marvin (Ben Rumson), Clint Eastwood (Pardner), Jean Seberg (Elizabeth), Harve Presnell (Podrido Luck Willie), Ray Walston (Mad Jack Duncan), Tom Ligon (Horton Fenty), Alan Dexter (Parson), William O’Connell (Horace Tabor), Benny Baker (Haywood Holbrook), Alan Baxter (Sr. Fenty), Paula Trueman (Sra. Fenty). Guion: Alan Jay Lerner, Paddy Chayefsky. Música: Frederick Loewe. Fotografía: William A. Fraker. Paramount Pictures. Duración: 166 minutos.

 

En 1951 el músico Frederick Loewe y el libretista Alan Jay Lerner (autores de My Fair Lady, Brigadoon y Camelot) estrenaron Paint Your Wagon, título que se puede traducir como «Pinta tu carreta», sobre la fiebre del oro en California.
En 1969 se llevó al cine con un guión de Paddy Chayefsky que se apartaba mucho de la obra original, componiendo nuevas canciones, con diversas variaciones en el argumento.
El  reparto sorprendió a  propios y extraños. Lee Marvin, Clint Eastwood y Jean Seberg no tenian experiencias musicales y se confiaba poco en ellos para tal labor.  Sin embargo triunfaron en tan delicado cometido y la canción Wand’rin star cantada por Marvin se convirtió en un éxito inesperado en ventas.
Aunque el rodaje fue complicado, con numerosos problemas de producción, es una pelicula que conserva su frescura con el paso del tiempo.

La  leyenda de la ciudad sin nombre es un musical atípico, sus coreografías jamás pasarán a la historia pero sí sus canciones ubicadas en un Far West sucio y miserable con calles llenas de barro, mugre y unos personajes alocados que sueñan con el enriquecimiento fácil que nunca llega.
En el  vive Ben Rumson (Lee Marvin), un pionero alérgico a la civilización y las buenas costumbres. En cine el personaje es más salvaje que el original del teatro.
Logan incluye escenas de cine cómico tradicional como la destrucción de la ciudad sin nombre que se desploma por sus túneles internos.
Llamó la atención en que la trama principal esté protagonizada por un trío donde la menuda Jean Seberg convive con dos altos y fornidos maridos.
La cinta es un canto a la California salvaje de los primeros americanos anglosajones. Se omite el pasado español de estas tierras y su incorporación a México, época ignorada por Hollywood salvo las cintas de el Zorro. Una California multicultural con chinos, alemanes y prostitutas francesas. Resulta divertido cuando una orquestina china recibe con los toques de La Marsellesa a las prostitutas francesas.
Se trata de un filme amoral, políticamente incorrecto, en donde se glosa la libertad más abstracta. Actualmente no se podría rodar algo así, pero los tiempos cambian a veces para peor. La cinta queda como reflejo de los sueños de una época ya periclitada. El tiempo le ha otorgado una mirada nostálgica y en cierto modo triste pero las alegrías de vivir sobresale por encima de todo.

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La dolce vita (1960)

EL GRAN FELLINI

LA DOLCE VITA. Título original: La dolce vita. Año: 1960. País: Italia. Dirección: Federico Fellini. Reparto: Marcello Mastroianni, Anita Ekberg, Anouk Aimée, Yvonne Furneaux, Alain Cuny, Nadia Gray, Annibale Ninchi, Magali Noël, Lex Barker, Jacques Sernas, Adriano Celentano, Ida Galli Guion: Federico Fellini, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano, Brunello Rondi. Música: Nino Rota. Fotografía: Otello Martelli. Coproducción Italia-Francia; Pathé / Riama Film / Gray-Film. Duración:175 minutos.

Premios
1960: Festival de Cannes: Palma de Oro mejor película
1960: Premios BAFTA: Nominada a mejor película
1961: Oscar: Mejor vestuario (B&N). 4 nominaciones, incluyendo director y guión
1961: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película extranjera
1961: National Board of Review: Top mejores películas extranjeras
1959: Premios David di Donatello: Mejor director

La dolce vita es una crónica de la prensa de chismorreo, aquella que se dedica a publicar trivialidades e intimidades de gente famosa. Esta  película dio origen a la palabra paparazzi en honor a un personaje de este título que se dedica a la fotografía de prensa y que recurre a métodos poco limpios para conseguir sus noticias.
Dentro de la filmografía de Federico Fellini (Rímini, Emilia-Romaña; 20 de enero de 1920-Roma, 31 de octubre de 1993) supone la  frontera entre sus filmes neorrealistas y su etapa más personal que contaba con un estilo narrativo propio.
El estilo Fellini, facilmente reconocible, le dio mucha personalidad y agradó a la crítica más que al gran público. Era un cine innovador, intransferible y enérgico dotado de mucha  imaginación y fantasía.

Su cine tiene magia, un gran poder de fascinación sobretodo por la música de Nino Rota. En La dolce vita encontramos varios elementos de interés. La parte de los actores de Hollywood que filman en Cinecitta (Lex Barker y Anita Ekberg cuya secuencia en la Fontana de Trevi es antológica) es la más conocida pero la trama sigue. La secuencia en la que Marcello reencuentra a su padre y lleva a un cabaret en la que actúa un payaso triste y su famoso toque de trompeta es de lo mejor.
Fellini retrata a una sociedad ociosa, parasita, que vive de fiesta en fiesta y no hace nada productivo para la sociedad. Un mundo poblado de seres vacíos que no tienen nada, salvo dinero y viven interminables juergas nocturnas. Esa gente que no trabaja y lleva una dulce vida tristemente descerebrada.
También retrata ese mundillo de superstición en la que unos niños aseguran haber visto la Virgen. La película molestó al Vaticano y fue prohibida en muchos países,entre ellos España, y no se vió hasta 1980, veinte años después de su  estreno.

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Banda aparte (1964)

LA NOUVELLE VAGUE FRANCESA

BANDA APARTE. Título original: Bande à part. Año: 1964. País: Francia. Dirección:  Jean-Luc Godard. Reparto: Anna Karina (Odile), Sami Frey (Franz), Claude Brasseur (Arthur), Danièle Girard (profesora de inglés), Louisa Colpeyn (Madame Victoria), Chantal Darget (tía de Arthur), Georges Staquet (Legionario), Ernest Menzer (tío de Arthur), Jean-Claude Rémoleux (alumno que bebe alcohol), Jean-Luc Godard (narrador). Guion: Jean-Luc Godard. Música: Michel Legrand. Fotografía: Raoul Coutard (B&W). Columbia films. Duración: 95 minutos.

Película de culto de la Nouvelle Vague francesa ue inspiró a Quentin Tarantino y a mucho cine posterior.

Banda aparte está ubicada  en una época. Por un lado la Francia rebelde pre mayo  1968,  el inconformismo, la  juventud inquieta propio de una época contradictoria.
En España decíamos «nosotros no somos una nouvelle vague, somos una vague triste«.
La frase nouvelle  vague o nueva ola nos habla de nuevos vientos, de ansias de reforma y transformación. Este movimiento se gestó en la revista Cahiers du Cinema editada a partir de 1951. Los directores que la componían fueron previamente críticos que rechazaban el cine francés de «calidad» por su utilización de decorados de estudio y buscaron el realismo.  Se rodaba en interiores naturales, cámara al hombro, una fotografía de fuerte contraste, actores desconocidos, equipos reducidos.
Jean-Luc Godard (París, 3 de diciembre de 1930) arrasó con Al final de la escapada (À bout de souffle, 1960) con Jean Seberg y Jean Paul Belmondo, en aquel momento un actor completamente desconocido que triunfó con esta película. Planos largos, ruptura del lenguaje cinematográfico tradicional.
Diez películas después estrenó el título que nos ocupa. Banda aparte trata de  dos chicos y una chica marginados por el sistema. Ellos son ladrones de poca monta, gangsters baratos de baja estofa. Ella no tiene padres y vive con sus dos tíos, dos personas que no la tratan bien y que poseen una fortuna en un armario. Dinero negro que Hacienda no ha contabilizado.
No voy a contar las vicisitudes. Odile (la actriz danesa Anna Karina, esposa entonces de Godard) es una chica soñadora que es dominada por los dos muchachos, alternativamente sus novios. Viven aventuras extrañas. Van al Louvre y lo recorren corriendo para batir un record (escena que vimos repetida en Soñadores) y bailan un madison antológico en un café.

Godard nos muestra una sociedad de gente que está desconcertada, que no sabe  por donde tirar, que viven de sueños y fantasías. Gente desarraigada  que desconoce su potencial y que viven la vida tal como sale, improvisando, buscando salir del paso pero incapaces de enmendar su futuro.
Anna Karina, musa de la Nouvelle Vague, ofrece su mirada tierna, su timidez y su dulzura al personaje que le es enconmendado. La fotografía es pura  poesía. Es como un sueño. El tiempo ha conservado perfectamente esta aventura de tan peculiar trío en donde Godard muestra su amor al cine y a la vida.
La  pasión de rodar productos artesanales alejado de la gran industria y sus condicionamientos,  de los argumentos trillados y personajes prefabricados. Godard de ser más coherente hubiera llegado mucho más lejos pero sus inquietudes pudieron con él. Es una leyenda del séptimo arte.

Jean-Luc Godard y Anna Karina

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El papel que se esfumó

BUSTER KEATON
EN «LUNA LLENA»

Robert Z. Leonard y W.S. Van Dyke estrenaron en 1940 Luna Llena (New Moon, 1940), adaptación cinematográfica de la opereta del mismo título de Sigmund Romberg y Oscar Hammerstein II. El 19 de septienbre de 1928 se estrenó con 509 representaciones.
En 1930 se llevó  al cine con Lawrence Tibbett, Grace Moore y Adolphe Menjou. Diez años después la Metro la volvió a  rodar con la pareja de moda, Jeannette MacDonald y Nelson Eddy. Había un tercer papel para una leyenda del cine cómico, el gran Buster Keaton.
Se rueda la película y tiene lugar un preestreno pero, horror, el secundario destaca más que los protagonistas y la Metro decide eliminar su personaje que queda reducido a una breve y silenciosa figuración.

En la Historia del Cine se han cometido muchos crímenes pero éste es de los más  indignantes. Esperemos que algún día recuperen los fragmentos amputados y nos devuelvan lainterpretación de Keaton que nos han negado.
Nelson Eddy, excelente cantante y discreto actor, protagonizó una serie de operetas  al lado de Jeannette MacDonald que había triunfado con una serie de musicales dirigidos por Ernst Lubitsch.  La  viuda alegre fue su mejor película en toda su carrera.
Además de sus filmes con Nelson Eddy, Jeannette rodó La espía de Castilla y San Francisco con otros intérpretes brillando siempre a gran altura. Es una de las mejores actrices de la época a la que se podría haber sacado mayor provecho pero los intereses de Hollywood eran meramente monetarios.

 

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Frankenstein de Mary W. Shelley

BICENTENARIO 1818- 2018,
EDICION DE 1818, REVISADA Y CORREGIDA

Pensé en las prometedoras virtudes que había mostrado al principio de su existencia, y en la subsiguiente ruina de todos aquellos amables sentimientos por culpa del desprecio y el espanto que sus protectores habían manifestado hacia él”. (“Frankenstein”, de Mary W. Shelley)

Aprovechando el bicentenario de la novela “Frankenstein, el moderno Prometeo” o, simplemente, “Frankenstein” — escrita por Mary Wollstonecraft Shelley (1797- 1851), de soltera Godwin, fue primero amante y después esposa de Percy (Percival) Bysshe Shelley (1792- 1822), uno de los más grandes poetas románticos ingleses (además de escritor y ensayista) —, Editorial Ariel (ahora sello de Editorial Planeta, S. A., of course) ha tenido la brillante idea de publicar este libro con etiqueta redonda en portada que reza así: “Edición anotada para científicos, creadores y curiosos en general” (*). Se imprime la edición de 1818, revisada y corregida por el erudito Charles E. Robinson. El libro se divide en dos grandes partes: I) la valiosa publicación del casi original de 1818 (Mary Shelley empezó a escribirla en Villa Diodati, Ginebra, con su esposo, Lord Byron y Polidori en 1816 cuando tenía 18 años) y es seguro que su marido corrigió y retocó este original y II) los siete estudios sobre Victor Frankenstein y su criatura reflexionando sobre la novela a la luz de la ciencia actual y la filosofía emanante de la historia.
El joven estudiante Victor Frankenstein, gran amante de la ciencia y la alquimia logra descubrir el secreto para dar vida a un cuerpo debidamente preparado — no a un difunto — para recibir aquella corriente eléctrica vivificadora. Por tanto consigue moldear una criatura con fragmentos de cadáveres robados de las tumbas y le insufla vida pero ante el espantoso aspecto de su creación el triunfo científico de sus proyectos realizados se transmutan en miedo y odio, dejando abandonado a su suerte aquel ente creado por él. El ser artificial consigue tener conocimiento e intelecto (llega a leer “El paraíso perdido” de Milton) pero el miedo y el rechazo por parte de los seres humanos le transforman en esquivo y, a la larga, en asesino. La causa: su creador rompe la promesa de crearle una compañera o sea que Victor es el culpable de tal situación y él lo reconoce casi en su agonía atendido por el capitán Walton cerca de los hielos polares y a su vez la criatura llega a despreciarse a si mismo, lamenta y llora la muerte de su creador y se autoinmolará en una hoguera preparada por el mismo después de asesinar al hermano pequeño de Victor (haciendo recaer la culpa sobre la asistenta la cual será condenada a muerte), a su amigo Henry Clerval y a su prometida Elizabeth La venza llevando a Victor a la desesperación y a la muerte. Una historia tenebrosamente romántica que desembocará en una tragedia.

Hemos de olvidarnos del aspecto popularizado por el cine (versión clásica de Universal Pictures) gracias a James Whale y a la interpretación de Boris Karloff (tres veces, después otros actores representaron a la criatura): un ser rectangular, “cabeza de cubo”, enormes zapatones y “dos tornillos” en el cuello como se dice (en realidad electrodos para entrar la corriente galvanizadora). Para mi gusto el maquillaje que más me gusta del cine fantástico aunque el original literario es diferente: Victor ha elegido las facciones hermosas pero al unirlas ha salido, lógicamente, algo espantoso. También hemos de tener en cuenta la motivación de sus actos negativos: en la novela es el rechazo del ser humano ante la criatura (al ser desconocido y diferente es temido y odiado) convirtiéndose en un ente torturado y resentido contra la raza humana (incluso cuando Victor reflexiona llega a reconocer que en un principio tenía “un alma elevada”) mientras que en el cine es la equivocación sobre el cerebro (el de un asesino loco pasa a informar el cuerpo del monstruo) que justificará los crímenes de la criatura y el pensamiento negativo sobre los experimentos de Frankenstein. Whale en su segunda entrega, “La novia de Frankenstein”, obra maestra absoluta, conjuga magistralmente (muy superior a la esquemática y con visos reaccionarios “El Dr. Frankenstein”) las dos formas de “maldad” (la de su primera versión y lo expuesto en la novela), llegando incluso a ir más lejos en el sentido de crear la compañera del monstruo (en el libro no llega a efectuarse la segunda creación).
Un gran trabajo por parte de Charles E. Robinson, profesor emérito de la Universidad de Delaware, con su versión meticulosamente corregida y revisada con sus importantes anotaciones en el manuscrito original de 1818 como texto base.
Los jugosos estudios, por su parte, son reflexiones sobre la moral y las vivencias sobre la ciencia (antigua y actual), el arrepentimiento de lo creado anteriormente (Robert Oppenheimer, p. e., padre de la bomba atómica, quien siempre defendió la paz). No me extiendo más sobre los estudios ni sobre la diferencia de la versión original con las sucesivas ediciones. Leedlo!

En mi adolescencia recibí críticas por gustarme la literatura fantástica/el cine fantástico. Fui demasiado ingenuo (o bastante torpe o tonto) para confiar mis gustos literarios/cinematográficos a personas (tres o cuatro a lo sumo) no solamente indiferentes sino enemigos del género en ambas versiones y la víctima era siempre la novela de “Frankenstein”. Este libro refuta todo lo dicho por ellos y demuestra su profunda ignorancia sobre la materia (alguno era un analfabeto literalmente hablando, otros analfabetos funcionales pero todos con un espíritu inquisitivo digno de mejor causa aunque alguno o varios no se dieran cuenta). Ha de recordarse que en la actualidad la novela “Frankenstein” de Mary Shelley es una de las lecturas incluidas en el plan de lectura de los institutos, como señala Andreu Sotorra, escritor y periodista en un análisis sobre una obra de teatro dedicada al personaje, titulando la crítica Humanizar a la “Criatura” de Frankenstein (algún alumno me ha preguntado datos e ideas para un trabajo en el colegio). No me escudaré “en otros tiempos” en que este tipo de literatura/cine no era muy bien visto y lo políticamente correcto era olvidarlos o atacarlos sin saber nada de ellos (nada tiene que ver la frase/verdad de “Sobre gustos no hay nada escrito”). De estúpidos/as y analfabetos/as los ha habido antes, los hay ahora (quizás aún más) y los habrá siempre, incluso había alguno que deshonraba el gremio (la enseñanza) representado y no solamente por ello. Todos los alumnos de aquel tiempo podrían confirmarlo. Lástima que estos personajes, creo, no leerán este libro porqué aún subsiste en algún caso la mentalidad sobre “Frankenstein” como un muñeco para producir terror y nada más…

Narcís Ribot i Trafí

(*)- Título original: “Frankenstein annotated for scientists, engineers, and creators of all kinds”, publicado por The MIT Press, David H. Guston, Ed Finn y Jason Scott Robert (2017)

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La sombra de la ley (2018)

GANGSTERS EN BARCELONA

LA SOMBRA DE LA LEY. País: España. Año: 2018. Dirección: Dani de la Torre. Reparto: Luis Tosar (Aníbal Uriarte), Michelle Jenner (Sara), Vicente Romero (Inspector Rediú), Manolo Solo (El Barón), Adriana Torrebejano (Lola), Pep Tosar (Comisario Verdaguer), Tania Lamata (Worker), Marcos Javier Fernández Eimil (Acompañante coche), Fredi Leis (Beltrán), Jaime Lorente (León), Ernesto Alterio (El Tísico). Guion: Patxi Amezcua, Música: Manuel Riveiro, Xavier Font. Fotografía: Josu Inchaustegui. Coproducción España-Francia; Vaca Films / Atresmedia Cine /Movistar+ / Televisión de Galicia (TVG). Duración: 126 minutos. Thriller, drama,policiaco, años 20.

 

Años atrás era imposible el rodaje de una película como la presente. Durante el franquismo por la censura, posteriormente por la Ley Miró que cerraba las puertas al cine de genero por razones que vamos a dejar para otra ocasión. El cine español actual es  mucho más profesional que el de épocas pretéritas, aunque siempre se ha rodado cine de calidad y otro más olvidable, con una excelente factura técnica y un trabajo más cuidado y riguroso.
La taquilla podría haber funcionado mejor, el público está algo quemado con el cine español actual debido a las  circunstancias políticas. También a la desinformación perpetuada por la prensa que ha envenenado la imagen de nuestra industria mostrándola como un vivero de oportunistas que los hay pero que sólo es una parte de escasa importancia.

Estamos ante lo que podriamos denominar un clásico de cine. La película que veremos en canales de televisión, copias privadas o cualquier medio por inventar miles de veces. No es una película de festivales con pretensiones metafísicas, sino una película de acción que muestra una sociedad corrupta como es la Cataluña de los años 20 gobernada desde Madrid por una monarquía dudosa. Pronto llegaría la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, la terrible Generalitat, la Guerra Civil, el franquismo y finalmente la democracia de pega que padecemos en la actualidad.
Al ver La sombra de la ley uno se da cuenta de que no hemos cambiado mucho. Estamos como hace cien años gobernados por indeseables y sinvergüenzas de todo pelaje. La película de Dani de la Torre nos muestra una Barcelona ahogada por la corrupción política, el gangsterismo, las luchas obreras y los pretendidos radicales que siembran la ciudad de odio  y muerte.
El  argumento es clásico. Un policía encarnado por Luis Tosar, su enamoramiento de una chica del  bando opuesto (esta vez  los anarquistas), gente que no son lo que parecen, seres ambiguos para que el argumento dé un rápido giro y sorprendan al espectador menos exigente porque los más expertos ya no nos tragamos nada.
Todo funciona a la perfección como un reloj. La puesta en escena, los decorados, los actores, la música. El director sabe mantener la atención y no nos defrauda.  Pasamos un buen rato durante la proyección y sospechamos que esta cinta la volveremos a ver en otros formatos muchas veces.
En otros tiempos las películas de gángsters  eran casposas y torpes, pero la presente está muy bien trabajada. La  calidad industrial se ha elevado y las producciones patrias están mejor acabadas.

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Las vampiras de Sheridan Le Fanu

KARNSTEIN:
UNA TRILOGÍA DE HAMMER

El vampiro es propenso a ser víctima de pasiones vehementes, semejantes al amor en relación a determinadas personas (“Carmilla”, de Sheridan Le Fanu)

Joseph Thomas Sheridan Le Fanu (Dublín, 1814- Dublín, 1873) es hoy considerado como el escritor más representativo referente al cuento de terror irlandés de la época victoriana. Y digo hoy porqué es un literato no siempre reconocido y considerado. El paso del tiempo, como en otros casos, le ha hecho justicia. Pertenecía a una familia acomodada de origen hugonote. Varios de sus familiares fueron dramaturgos y novelistas. No le gustaba la carrera de leyes comenzada, se pasó al periodismo publicando varios relatos por entregas en diversos periódicos y fundó el Dublin University Magazine. Falleció a los 58 años en el mismo Dublín.

Se especializó en historias fantásticas de terror y misterio, principalmente en novelas y relatos. Una de sus primeras novelas fue “Un capítulo en la historia de la familia Tyrone” (1839), quizás inspirada en la famosa “Cumbres borrascosas” por vez primera en 1847 con el título original de “Wuthering Heights”, de Emily Brontë, otra — más conocida — es “Tío Silas” (1864) y la colección “In the Glass Darkly” (publicada en 1872), la cual contiene cinco relatos (entre ellos “Carmilla” y “Té verde”, primera historia que leí de Le Fanu), además de relatos como “Schalken, el pintor” (1839) o “La posada del dragón volador” (1872) y la edición póstuma de “El vigilante y otras historias macabras” (editado en 1894).
Prefería centrarse en la creación de atmósferas misteriosas y terroríficas que no en el susto fácil buscado por otros autores. Gracias a M. R. James, alumno aventajado, otro grande del terror literario, que dio a conocer obras de Le Fanu las cuales, sin él, hubieran desaparecido.

Carmilla” es una novela corta en donde una mujer vampiro aterroriza la región de Styria (Austria). Pertenecía a una familia de vampiros, los Karnstein (es definitorio cuando sus enemigos descubren su identidad en los cuadros de la galería del castillo en “Vampire Lovers”: “Fueron malvados en vida y lo siguen siendo después de muertos”), y tenía mas de cien años de edad. La historia es explicada por Laura quien nos cuenta como la conoció: un carruaje vuelca y una de sus ocupantes es invitada a pasar varios días en el castillo de Laura Hollis en donde reside con su padre. En realidad es una comedia representada varias veces por el vampiro. Finge estar accidentada para lograr ser invitada en alguna mansión en su convalecencia para luego absorber la sangre de los jóvenes hasta matarlos y luego desaparecer. Es lo que ha hecho con la hija del general Spielsdorf — vecino y amigo de los Hollis, a unas 20 millas — y con otros. Laura se siente atraída por Carmilla mientras languidece y pierde sangre. La unión de los padres que han perdido a sus hijas y su intervención salvarán a Laura: Carmilla, en realidad la condesa Mircalla von Karnstein, será hallada en su tumba y destruída (la estaca se hunde en su corazón y resuena un terrible grito). La región de Styria por fin se ha librado de los no- muertos.

Sheridan Le Fanu se basó en el personaje real de la condesa Elizabeth Bathory (llamada “la condesa sangrienta”), incluso en su aspecto físico (bellísima, elegante, pelo largo y negro) y la dama acompañante o tutora (madre o tía) es un trasunto de Dorotoya Csentes (conocida como Dárvula), sirvienta de la Bathory la cual le proporcionaba víctimas para bañarse en su sangre… Si bien “Carmilla” no fue la primera historia de vampiros pero si es la que más influyó en la visión que tiene el lector o espectador sobre este terrible ser y la que más contribuyó a la inspiración de su compatriota Bram Stoker para crear su inmortal “Drácula”, obra cumbre sobre la literatura vampírica publicado veinticinco años después (1897). Sin embargo, aunque hay muchas coincidencias también hay algunas diferencias (aunque no le gusta el sol a Carmilla, en ocasiones, deambula de día y prueba algún alimento). La atracción hacia sus víctimas es común pero el vampiro femenino de Le Fanu posee unas connotaciones lésbicas (tema tabú en su tiempo). Es curioso que el vampiro esté sujeto a unas condiciones especiales, Carmilla, en realidad Mircalla se ve limitada a un nombre aunque no sea el suyo o sea ha de reproducir con todas las letras, sin omitir ni añadir, aquellas que anagramáticamente lo componen. Así: MIRCALLA adoptará sucesivamente los apodos de MILLARCA/MARCILLA/CARMILLA (uno en cada ocasión en la casa de sus víctimas) y ello nos recuerda la inversión del apellido DRÁCULA como ALUCARD en algunos films (“El hijo de Drácula”, 1943 o “Drácula-73, 1972).

Carmilla” fue pasada al celuloide por vez primera como “Vampyr, la bruja vampiro”, dirigida por Carl Theodor Dreyer (1932), adaptando libremente el libro completo “In The Glass Darkly”. Los siguientes trasvases a la pantalla fueron las coproducciones: “Sangre y rosas”, de Roger Vadim (1960) y “La maldición de los Karnstein”, de Camillo Mastrocinque (1964), con Christopher Lee, ambas de realización bastante discutible mientras que es mejor olvidar la española “La novia ensangrentada”, de Vicente Aranda (1972), típico film para quienes no son aficionados al cine fantástico, película de vampiros pero sin vampiros y, por supuesto, alabada por la ideología del realizador (no le quito los méritos en otros trabajos), mismo caso que las novelas de Ana Rice (”Entrevista con el vampiro”) — no he podido pasar de la segunda página — o de sus también infames adaptaciones para la pantalla.

Cuando los intereses de HAMMER FILMS estaban cómodamente asentados a finales de los 60/principios de los 70 en su mayor parte gracias a Terence Fisher — se vislumbraba la decadencia — llegó la trilogía realizada por la productora británica de la historia escrita por Le Fanu. La primera es bastante fiel a la novela, las otras dos son adaptaciones totalmente libres. En España comercialmente solo se estrenó la tercera: 1) “The Vampire Lovers” (1970), de Roy Ward Baker, 2) “Lust for a Vampire” (1970), de Jimmy Sangster y 3) “Twins of Evil” (“Drácula y las mellizas”), de John Hough (1971). La primera y la segunda las pudimos ver en una sesión nocturna en el Festival de “Cine Fantástico y de Terror” de Sitges en 1984, para aparecer después alguna edición en vídeo. Ahora las tenemos las tres en soporte DVD con la traducción literal: “Las amantes vampiro” para el film de Baker y “Lujuria para un vampiro”, para el de Sangster (recién editado en DVD) mientras “Drácula y las mellizas” sigue siendo el título de “Twins of Evil” (literalmente sería “Las mellizas del diablo”), para el film de Hough, en donde se nombra a Drácula sin que este aparezca — pero el conde transilvano vende, recordemos la formidable “Las novias de Drácula”, de Terence Fisher (1960) — puesto que el protagonista vampírico es el conde Karnstein.

Para la trilogía Hammer Films se asoció con American International Pictures, actuando Harry Fine y Michael Style como productores en los tres films. El guión de las tres es de Tudor Gates quien da muestras de erudición en lo más profundo de las leyendas y el folklores, p. e. haciendo hincapié en que el fuego no puede destruir a los vampiros (solo el decapitarlos o la estaca en el corazón); en esto y en otros puntos podrían aprender el temibles Jesús Franco o Jean Rollin, el irregular guionista John Elder o el ajeno (al cine fantástico) Vicente Aranda. De haberlo hecho sus historias hubieran mejorado algo o bastante…

The vampire lovers” (1970) es un buen trabajo de Roy Ward Baker, interesante realizador que llegó tarde a Hammer aunque hayamos de recordar “Dr. Jekyll y su hermana Hyde” (1971), el mayor éxito de su carrera profesional (ganó el premio Licorne D’Or en el Festival de Cine Fantástico de París) o la tercera entrega de la saga de Quatermass: “¿Que sucedió entonces?” (1967) y fuera del “fantastique” recordemos “La última noche del Titanic” (1958) de la cual James Cameron copió algunas escenas en su sobrealabada “Titanic”.

En “The vampire lovers” convergen una perfecta simbiosis de eficacia técnica buen gusto narrativo, evitando inteligentemente mostrar las escenas de homosexualidad entre Carmilla y sus víctimas femeninas. Es la más fiel al texto de Le Fanu de todas las adaptaciones cinematográficas. Destaca la interpretación de Ingrid Pitt como la condesa Mircalla von Karnstein (junto con Barbara Shelley en “Drácula, príncipe de las tinieblas”, forman, para mí, los mejores vampiros femeninos en el celuloide) y Peter Cushing como el general Spielsdorf conjuntando todo ello con el resto de la interpretación, la exquisita fotografía de Moray Grant y los sugerentes decorados — magnífica ambientación — de Scott McGregor.

En Styria el barón Joachim von Hartog (Douglas Wilmer) persigue a los Karnstein, una estirpe de vampiros que acabaron con su hija y aterrorizan la comarca. Excelente inicio cuando el barón está a punto de ser seducido (sucumbir) ante un miembro femenino de la familia maldita y solo la cruz que lleva al cuello le salvará (atmosférico y formidable pregenérico). Tiempo después una tal condesa Carmilla Karnstein se hace invitar en la mansión del general Spìelsdorf y se hace amiga de Laura, su hija, quien languidece y va perdiendo la sangre hasta morir mientras Carmilla desaparece reapareciendo meses después en casa de Robert Morton (George Cole), empezando a seducir a su hija Emma (Madeline Smith). El barón Hartog, el general Spielsdorf y Robert Morton se unen para combatir el mal. El barón les explica como logró descubrir la cripta de los Karstein y acabó con ellos clavándoles una estaca en el corazón pero faltaba un cuerpo: el de la condesa Mircalla von Karnstein. Descubren un cuadro y la reconocen (“¡Está en mi casa!”, exclama Morton). Cabalga a toda velocidad Carl Ebhart (John Finch), prometido de Laura el cual logrará ahuyentar al engendro diabólico mostrándole un puñal en forma de crucifijo. El vampiro debe regresar a su tumba. Allí le esperan sus tres enemigos. De forma ceremoniosa el general hunde la estaca en el corazón y con su espada la decapita. La maldición ha terminado (buena idea al mostrar el cuadro de Mircalla/Carmilla perdiendo la piel y convirtiéndose en la imagen de un esqueleto). Recordamos también a Ferdy Maine (el conde von Klolok de “El baile de los vampiros”) interpretando a un doctor que será víctima de Carmilla por descubrir su identidad y John Forbes Robertson como el patriarca de la familia Karnstein el cual cinco años después representará al conde Drácula en “Kung- Fu contra los 7 vampiros de oro”, del mismo Ward Baker.

Lust for a vampire” (1970) del guionista de los primeros fims de Terence Fisher, Jimmy Sangster, mejor escritor de libretos metido a desigual director, realiza un film sobre vampirismo con puesta en escena fácil y, en ocasiones, con el lenguaje televisivo de muchos films de la época (también criticado el uso de una canción moderna en según que momentos) y su trabajo no es tan satisfactorio como el de Baker pero realiza una cinta de aquellas que gusta ser saboreada por los aficionados: los negros vestidos de los vampiros masculinos serán más negros, los blancos camisones de los vampiros femeninos serán más blancos y nunca la sangre fue más roja (la fotografía de David Muir es casi tan excelente como la de Moray Grant y la música es también de Harry Robertson (supervisada por Philip Martell, más habitual en Hammer), inquietante y conseguida cuando no suena el fragmento moderno, “Strange Love”, comentado. El conde y la condesa Karnstein (Barbara Jefford) resucitan a su descendiente Carmilla/Mircalla (Yutte Stensgaard, de aspecto más ingenuo y angelical) quien vampiriza a las alumnas de un internado. El conde Karnstein, con más protagonismo que en “The Vampire Lovers” está interpretado por Mike Raven con un cierto parecido a Christopher Lee (se utilizan planos de archivo de los ojos inyectados en sangre de Lee interpretando a Drácula en el film del mismo año: la lamentable “El poder de la sangre de Drácula”). Carmilla se enamorará del escritor Richard Lastrange (Michael Johnson) y su lesbianismo deviene ahora bisexualidad. El film posee buenos momentos : el satanista invirtiendo la cruz por estar enamorado de Carmilla o cuando al intentar vampirizar a una de sus víctimas es rechazada por la medalla colgada al cuello de esta y, al final, cuando los aldeanos queman el castillo y el conde exclama: ¡“Con el fuego no moriremos!” y Carmilla a punto de vampirizar a Richard cuando un madero en llamas se desprende y atraviesa el corazón de su enamorada. La película hubiera podido ser mejor de estar interpretada por Ingrid Pitt (aunque Yutte Stensgaard, más estática, ofrece un contraste entre lo angelical, rubia con ojos azules, y lo satánico) y Peter Cushing como se dijo en un principio, además — lo más importante— de ser dirigida por Terence Fisher (convaleciente de una rotura de pierna) pero no fue así.

Twins of Evil” (1971) — estrenada aquí como “Drácula y las mellizas” — de John Hough es el tercer y último jalón de la trilogía. Ofrecida con una fotografía de Dick Bush en donde predomina el tono morado y una música correcta del omnipresente Harry Robertson, la película nos narra el enfrentamiento de dos fuerzas del mal: el fanático inquisidor puritano Gustav Weil (excelente, como siempre, Peter Cushing) y el conde Karnstein (Damien Thomas). El primero es malo por ignorancia (Weil y la hermandad) y el segundo es un hombre culto pero libertino y perverso que ha probado toda clase de ritos de magia negra y ahora acepta voluntariamente el vampirismo al resucitar a su antepasada Mircalla Karnstein (Katya Wyeth) quien le seduce y bebe su sangre para convertirlo en vampiro. Los vectores pivotantes del enfrentamiento son dos mellizas (en realidad, gemelas) sobrinas de Weil: María (Mary Collison), buena y virginal y Frieda (Madeleine Collison), atraída por el mal. Anton (David Warbeck) se enfrenta verbalmente varias veces con Weil (“No creo en este dios celoso y vengativo que usted predica”) y casi al final, antes de aliarse para tomar por asalto el castillo Karstein (“Su fuego purificador no sirve para los vampiros, solo la decapitación o una estada hundida en su corazón pueden darles el descanso eterno y si hay una gota de bondad en su alma pueden encontrar el descanso eterno”). Frida será vampirizada por el conde y finalmente decapitada por su tío (surge de golpe en un jardín mientras el conde se asusta y cierra la puerta en una escena muy conseguida). Enfrentamiento final: falla el intento de Weil de decapitar al Karstein y este le golpea con el hacha y lo mata para a continuación intentar agredir a María la cual yace inconsciente a sus pies. Anton arroja un punzón al pecho del conde que pone fin a su existencia criminal: muere y se convierte paulatinamente en un esqueleto mientras Anton y María se abrazan… También ha ganado “Drácula y las mellizas” con el tiempo entre los aficionados y observadores. Ahora es un film de culto…

Recuerdo esta trilogía con cariño. Es el agradable hálito de una forma de filmar y de unas películas que ya no se hacen…

Narcís Ribot i Trafí


NARCÍS RIBOT TRAFÍ

Narcís Ribot Trafí y Salvador Sáinz, colaboraron juntos desde 1975 hasta la actualidad en diferentes fanzines y revistas. Actualmente en este Diario de Cine.

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